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martes, 22 de noviembre de 2011

REPUDIAMOS CENSURA A PERIODISTA PAGINA/12

A todos: esto ya está circulando. por favor difundir:

"Repudiamos la censura que sufrió el periodista Darío Aranda el sábado 19 de noviembre en el diario Página12.
Expresamos nuestra preocupación ante posibles represalias laborales contra su persona, ya que conocemos su trayectoria, honestidad intelectual y compromiso con las luchas más urgentes de esta coyuntura.
Estaremos alerta ante cualquier medida que la empresa periodística pudiera tomar contra él."

Enviar a comisioninternadepagina12@gmail.com
y darioaranda@yahoo.com.ar


Firmas:

Nora Cortiñas - Madres de plaza de mayo Línea Fundadora
Mirta Baravalle - Madres de plaza de mayo Línea Fundadora
Félix Díaz Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh ( La Primavera)
APDH-La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos - Aldo Echegoyen
APDH La Matanza - Pablo Pimentel
Dra. Diana Lenton - DNI 17901607 - antropóloga - UBA/CONICET.
Dr. Walter Delrio - DNI 20005968 - Historiador - Universidad Nacional de Río Negro
Asamblea Delta y Río de la Plata
Fundación ECOSUR
Movimiento de Defensa Activa de la Cultura Nacional- Zona Norte-MODACUNA
PTP Partido de Los trabajadores de Pueblo -Tigre
Pedro Moreira -Movimiento en Defensa por la Pacha -Biblioteca Inti Huasi
Gustavo Manuel Macayo - abogado - docente de UNPAT Sede Esquel
Patricia Torres - Psicóloga Social
Jorge Fernando Daffra - Diputado San Luis (M.C.)
Repudiamos la censura a nuestro compañero Darío Aranda
COMUNICADO DEL CTP
Repudiamos la censura a nuestro compañero Darío Aranda

El Colectivo de Trabajadores y Trabajadoras de Prensa se solidariza con el periodista Darío Aranda y repudia la censura del diario Página/12 durante dos días consecutivos a las menciones sobre la responsabilidad política del gobernador Gerardo Zamora en el asesinato del militante Cristian Ferreyra, que integraba el Movimiento Campesino de Santiago del Estero.

Darío Aranda es un periodista que recorre el país para cubrir sin intermediarios las luchas de campesinos e indígenas. Sus investigaciones sobre los conflictos derivados de la expansión de los agronegocios, el atropello de los derechos de las comunidades que habitan tierras desde tiempos ancestrales y la complicidad de autoridades políticas y judiciales han sido tapa de Página/12 durante años. Su compromiso y honestidad le han valido el respeto no sólo de las organizaciones a las que supo hacer visibles sino también de colegas y lectores.

El viernes, en la crónica sobre el asesinato de Ferreyra, ultimado por matones contratados por un empresario, Página/12 eliminó sin consultar al periodista ni retirar su firma el único párrafo que aludía con nombre y apellido al gobernador de Santiago del Estero. Aranda había escrito que Zamora se definía como un “radical K”, que denominó a la provincia como “capital nacional del kirchnerismo”, que no había respondido a los llamados del diario ni se había pronunciado sobre el asesinato y que el MoCaSE consideraba su política de represión al campesinado como “la continuidad del juarismo”, datos que no llegaron a los lectores.

Un día después, en la crónica sobre la marcha para repudiar el crimen, Página/12 volvió a recortar el texto sin consultar al periodista ni retirar su firma, y volvió a eliminar la única mención con nombre y apellido al gobernador. Aranda había informado en la cabeza de la nota que “el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), donde militaba Ferreyra, enumeró cuatro niveles de responsabilidad: el modelo agropecuario, el gobernador Gerardo Zamora, el Poder Judicial provincial y el Gobierno Nacional”. El diario también trasladó del primer párrafo al anteúltimo la declaración del vocero del MNCI, Adolfo Farías, quien advirtió sin medias tintas que “vamos por el Gobernador, es el responsable de las represiones”.

Desde el Colectivo de Trabajadores y Trabajadoras de Prensa repudiamos estos actos de censura y, ante la situación de especial precariedad laboral en la cual se encuentra Darío Aranda, quien al igual que cientos de “colaboradores” no goza de garantías de estabilidad, expresamos nuestra preocupación y alerta ante posibles represalias de la empresa por ejercer su legítimo derecho a denunciar un acto de censura, y esperamos sinceramente poder seguir leyendo sus crónicas e investigaciones (sin recortes), que prestigian a Página/12.

http://colectivodeprensalaplata.wordpress.com/2011/11/21/repudiamos-la-censura-a-nuestro-companero-dario-aranda/

Argentina: ¿jóvenes de primera y jóvenes de quinta? A otro perro con ese hueso, compañero...

nota de Ingrid Storgen (especial para ARGENPRESS.info
a cuya sinceridad me remito, pues la se una persona de bien.

En los últimos años, en Argentina, se está percibiendo un fenómeno que hace muchos años no se percibía. Hubo un cambio en la política, muchos aciertos y no pocos errores, pero que hubo cambio no podemos negarlo.

Más allá de la posición política que cada uno sienta que debe o quiere abrazar hay politólogos que parecen hacer sus análisis desde una parcialidad que me parece que raya en lo absurdo.

Foto: Una joven madre soltera el 1º de Mayo 2001. ¿No existía?

Es común escuchar por boca de políticos, militantes oficialistas, periodistas, la teoría que explica, sin argumento valedero, que los jóvenes han comenzado a tomar posición y a adentrarse en la política a partir de la llegada al poder del presidente Néstor Kirchner, agregando que eso no se vio nunca antes.

Foto: Dos presidentes

Cosa que bajo ningún concepto podemos avalar y a mi, sinceramente, me provoca un nudo en las tripas. Podemos sí asegurar que hace varias décadas que los jóvenes no apoyaban mayoritariamente a ningún partido gobernante, eso es muy cierto, pero de allí a trasladar ese criterio como si el movimiento K fuera el que introdujo la política en la juventud es un error tan grande como si pretendiéramos asegurar que descubrimos la pólvora.

Desde la izquierda y desde hace muchísimos años, hubo y hay jóvenes movilizados tomando las calles, fábricas y escuelas. Integrando el movimiento piquetero, cuando el país ardía, reclamando por sus derechos, formando centros de estudiantes, poniendo el lomo para los palos cuando los actuales jóvenes K estaban muy cómodos en sus casas y aún no les había afectado el fenómeno de moda actual. Lógico, los palos duelen y hay espalditas delicadas que no los soportan.

Es una falta de respeto absoluta minimizar a esa juventud que estuvo en la calle siempre, sin gozar de ningún beneficio ni aparato cubriéndolos de las persecuciones.

Así fue como hemos visto caer fusilados a Maximiliano Kosteki y a Darío Santillán bajo las balas represivas de la policía bonaerense y hemos visto a otros compañeros heridos con secuelas que hasta el momento no se han podido ni podrán curar. Los eternos NN, pero heroicos si de heroicidad hablamos.

Foto: "Trabajo y Dignidad y Cambio Social". Homenaje a los jóvenes mártires Maximiliano Kosteki y a Darío Santillán. Ya en 2002.

Los hemos visto en lucha en todos los gobiernos, quienes tenemos memoria guardamos el dolor de sus imágenes arrastradas de los pelos por las calles donde manifestaban, molido el cuerpo a palazos antes de ser introducidos en camiones policiales.

Los jóvenes de izquierda caminando durante horas para ir a sus centros de militancia porque no tenían la moneda que les permitiera pagar un boleto de transporte de pasajeros. Los hemos visto subirse a los trenes empujando por no tener boleto.

Los hemos visto organizándose para acompañar cada marcha de los organismos de derechos humanos, de reclamos de trabajadores y hasta en marchas de los jubilados. Eran esos jóvenes que tal vez nunca lleguen a jubilarse por carecer, aún hoy, de trabajo formal y esto no me lo contaron, lo ví y viví con mis propios ojos.

Foto: Jóvenes y Piqueteros. 2002. Antes de la era de la Juventud de los Kirchner, cortando la ruta y arteria del puente de Pueyrredón, entrada a la capital argentina. Reclamaban ¡TRABAJO!

Hemos visto la satanización de esos jóvenes cuando desde la prensa y desde partidos políticos censuraban que iban a las manifestaciones con las caras tapadas y con palos.

No pensaban que todo tiene un motivo, esos jóvenes tapaban sus rostros porque eran perseguidos hasta sus casas o lugares de militancia y donde los reconocieran terminaban “cazados como focas”.

Llevaban palos para atajar las balas de goma del aparato represivo, cosa que hasta parece gracioso de reproducir, palos para “atajar” las balas…

Los jóvenes de izquierda, muchas veces nacidos, criados y formados en las villas, jamás contaron con dinero como para formar aparatos. Mucho menos con aparatos que los sostengan para poder seguir su activismo. Para ellos la militancia era y es justamente eso, militancia.

Nuestros jóvenes hicieron lo que pudieron cuando vieron caer a otros jóvenes víctimas del famoso gatillo fácil. ¡Y vaya si pudieron, fueron capaces de arrinconar al miedo para seguir reclamando frente a las comisarías!

Cuando despedían a otros trabajadores.

Cuando entregaron el país contraponiéndose a las privatizaciones.

Los hemos visto acompañando a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas, a los familiares de desaparecidos entonando con ellos la consigna “ni olvido ni perdón”.

Foto: Jóvenes madres de las Villas de la miseria pero en pie de lucha. Antes de las presidencias de los Kirchner. Existían, tanto físico como en la lucha por la supervivencia.

Siento un profundo dolor cuando se pretende instalar la idea de que los jóvenes hoy manifiestan interés por la política. Plantarse en esa falacia es una tremenda falta de respeto a todos esos y esas jóvenes que hace muchos años están en las calles con su férrea voluntad, carentes de recursos pero con garra de sobra.

Si bien merece un reconocimiento esta juventud K que comprendió que el “no te metás”, clásico argentinismo instalado en esta sociedad, no conduce a buen puerto, también merecen un reconocimiento los otros y otras que supieron ser consecuentes con sus ideales sin ninguna estructura que los apoye y desde mucho antes del nuevo modelo.


No puedo, ni quiero, ni me da la gana aceptar la categorización de la juventud cuando se pretende instalar que hay jóvenes de primera y jóvenes de quinta. Unos por ser partes del engranaje oficial, los otros por ser acusados de “caóticos”.

Por nuestros jóvenes muertos, judicializados, procesados por hacer uso de su legítimo derecho al reclamo, todo el respeto es lo mínimo que nos corresponde.

Todo el respeto por esos jóvenes que además enarbolaron siempre las banderas del internacionalismo y que jamás fueron a países hermanos a pretender imponer nadacomo ha hecho alguno “de primera” hace muy pocos días en la hermana Nicaragua.

Todo el respeto por esos jóvenes que fueron y son capaces de manifestar su solidaridad con Cuba, con República Bolivariana de Venezuela, con Ecuador, Bolivia contra el Terrorismo de Estado en Colombia, cosas que ni por broma mencionan otros jóvenes porque no les interesa.

Los que salieron a las calles cuando el Estado de Israel masacró a los palestinos y fueron tildados de antisemitas.

Los que se movilizaron contra las Masacres en Libia, Iraq, Afganistán.

Los que apoyaron al pueblo griego.

Los que están en cada juicio a los engendros de la dictadura.

Los que saben muy bien que no es mirándose el ombligo o percibiendo dinero como se construye ideología que nace cuando la injusticia te quema el alma donde sea que se produzca.


Es hora de dejar las careteadas, porque lo justo debe ser justo para todos y para todas. Los llamados “zurditos” siempre tomaron las calles por asalto, comprometiéndose con coherencia de la ternura revolucionaria aunque ya no esté de moda…

A nuestros pibes movilizados todo el reconocimiento de quienes pasamos la vida hablando de otro mundo y ellos fueron capaces de recoger nuestra semilla.

Sólo eso, más no pudimos darles, nosotros no pudimos hacérselas fácil.

Por eso, hoy este homenaje que considero un deber que tenemos los adultos para con ellos y ellas: los incansables invisibilizados.

¡Los que siguen pensando que es posible sacar sangre de un ladrillo!

http://www.argenpress.info/2011/11/argentina-jovenes-de-primera-y-jovenes.html

miércoles, 9 de noviembre de 2011

2 NOTAS.

una del el tio Verby antes de hacerse kirchnerista, la otra sobre la presidente en un antes y después .

LA MUERTE LENTA DE LA DEMOCRACIA
MEMORIA: María Antonieta

A seis semanas de las elecciones internas para elegir al candidato presidencial justicialista es imposible saber si se realizarán y con qué método. La vida partidaria se reduce a un torneo de triquiñuelas y trapisondas, con un pasmoso desprecio por la legalidad. En eso consiste la muerte lenta de la democracia, riesgo contra el que advirtió hace dos años Guillermo O’Donnell. Un lobbysta de las multinacionales petroleras personifica al “sector productivista”, el mismo que en el último año consumó una gigantesca transferencia de ingresos de quienes menos tienen a quienes más tienen. Agotado el modelo delegativo de las últimas décadas, el desafío es la construcción de una democracia participativa.
Por Horacio Verbitsky
El gobierno provisorio del Senador Eduardo Duhalde, que en apenas un año de gestión llevó los índices de desempleo y de pobreza a niveles sin precedentes en la historia argentina, al mismo tiempo que subsidiaba a bancos y grandes empresas endeudadas con esos bancos, está demoliendo también lo que queda de las instituciones republicanas. Uno de cada dos argentinos vive por debajo de la línea de pobreza, uno de cada tres no alcanza ni siquiera la de indigencia, uno de cada cuatro en edad y voluntad de trabajar no consigue empleo y por primera vez desde que concluyó la dictadura militar el proceso electoral para la designación de autoridades públicas nacionales no es una certidumbre sino apenas una conjetura. A eso se refería Guillermo O’Donnell hace dos años, cuando advirtió sobre la muerte lenta de la democracia.
El único pobre límite a la manipulación de normas y procedimientos parece provenir de los organismos internacionales de crédito, que no muestran la misma pasión que los gobernantes argentinos por el torneo de trapisondas y triquiñuelas que desde hace una década enfrenta a quienes integraron la fórmula presidencial justicialista en 1989, aunque es obvio que las prioridades de esos entes no coinciden con las de la sociedad argentina. Sólo lo que Duhalde llamó “un papelón internacional” lo obliga a mantener al menos la fecha de los comicios generales, el 27 de abril. El bochorno nacional no le produce el mismo escozor. Más llamativo es el acostumbramiento o la resignación con que una porción significativa de la sociedad asiste a semejante aniquilamiento de las reglas básicas de convivencia, actitud en absoluto incompatible con las consignas maximalistas que operan como una estruendosa cortina de distracción y despejan el terreno para las evoluciones de los pícaros.

Poder absoluto
La lucha sin cuartel ni reglas a la que Carlos Menem y Duhalde se entregan con vértigo comenzó poco después de la primera victoria de ambos sobre los candidatos radicales, hace catorce años. Menem introdujo en la política constitucional argentina un ansia de poder absoluto más propia de los golpismos militares. Para satisfacerla se propuso controlar todos los poderes del Estado, que quedaron en manos de tres riojanos cuyo linaje se remontaba a la aldea siria de Yabrud: el mismo Menem, su Hermano Eduardo y su socio Julio Nazareno. Para lograrlo tuvo que desplazar de la vicepresidencia a Duhalde. Así comenzó la degradación institucional que hoy se distingue por la fosforescencia de la putrefacción. El argumento para persuadirlo fue que un caudillo de su estatura debía manejar instrumentos más imponentes que el timbre del Senado. También que era preciso asegurar la victoria justicialista en la provincia de Buenos Aires, donde el PJ no tenía candidato.
Menem convenció al dubitativo Duhalde con razones de peso: desde la gobernación bonaerense contaría con todo el apoyo del gobierno nacional y al terminar su mandato estaría en inmejorables condiciones de postular su candidatura presidencial. Para eso necesitaría recursos. El gobernador misionero Ramón Puerta recuerda una reunión en el Salón de los Escudos donde el ministro del Interior, José Manzano, asesorado por su ex jefe en Guardia de Hierro, Juan Carlos Mazzón, explicó a los mandatarios provinciales que debían sacrificar parte de sus ingresos porque en el conurbano bonaerense, que ya había sido escenario de saqueos, se decidía la suerte del gobierno. Una parte de la recaudación del Impuesto a las Ganancias garantizaría la gobernabilidad bonaerense en beneficio de todos. Así nació el Fondo del Conurbano, que Duhalde administró sin controles por medio de incondicionales, como su ex ministro de Obras Públicas, Hugo Toledo. (Las consecuencias de su actuación se sienten hasta la fecha. La situación judicial de Toledo impidió designarlo para ocupar el mismo cargo en el gabinete nacional. Duhalde dejó el ministerio vacante y designó a Toledo asesor, cargo sin responsabilidad formal desde cuyas sombras maneja todos los negocios de la cartera, con gran sobresalto del ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien es el que firma).

Apellidos
Pero en noviembre de 1993 Menem celebró con Raúl Alfonsín el pacto que le permitió reformar la Constitución y presentarse como el candidato justicialista en 1995. Duhalde recién se enteró al llegar a Olivos convencido de que lo invitaban a jugar al tenis. Menem le reiteró su apoyo como sucesor, aunque el horizonte se hubiera corrido cuatro años. Esta vez Duhalde no le creyó. También él convocó a una Convención Reformadora provincial, pero no consiguió el número de delegados necesario. Para colmo, el presidente del MODIN, Aldo Rico, instruyó a sus convencionales en términos castrenses: “Al que se venda para votar la reelección lo fusilo”. Para evitar tan desagradable extremo eligió sacrificarse él, por 12 millones de dólares según testimonio de sus colaboradores, el ex ministro de la dictadura Guillermo Fernández Gill y el culata Carlos Castillo, un gringo rubio al que llaman El Indio. Reelectos Menem y Duhalde cada uno en su jurisdicción, las hostilidades continuaron ya sin disimulo. Algunos episodios se recuerdan por apellidos que llegaron a simbolizar los horrores de una sociedad donde las cosas importantes ocurren detrás de la escena y en la que las instituciones son una fachada de utilería, como el hombre de negocios dudosos Yabrán y el asesinado fotógrafo Cabezas. Duhalde se dio el gusto de competir por la presidencia en 1999. Su campaña no se concentró en atacar a la Alianza opositora, sino a Menem quien, a su vez, hizo todo lo posible para que Duhalde fuera batido. La pugna entre sectores económicos devaluacionistas y dolarizadores se apoderó del justicialismo y se proyectó luego a la escena nacional durante el gobierno de Fernando de la Rúa. El 20 de diciembre de 2001, mientras el senador Eduardo Menem participaba en una reunión de gabinete nacional tendiente a sostener a esa administración que a su vez se había atado al mástil de la convertibilidad, el pacto bonaerense entre Duhalde y Alfonsín pugnaba por sacudirse de ambas. Luego de una semana de confusión aprovechada por el inesperado Rodríguez Saá, Duhalde se sentó dónde le apetecía.

Humor involuntario
Menem, Duhalde, Mazzón, Manzano, Puerta, Rico siguen siendo protagonistas en los episodios más recientes de la saga, a la que se han sumado algunos pocos nuevos, como el gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner, enrolado en lo que con involuntario humor se autodenomina “sector productivista”. Insistente como un moscardón, el Senador Duhalde trata de adosarle la candidatura a vicepresidente del actual gobernador bonaerense, Felipe Solá, quien se resiste con denuedo a dejar su sillón, codiciado por la primera dama provisional.
Algunos partidarios de Kirchner evocan que fue perejil de la Juventud Peronista, como si los alineamientos de treinta años atrás pudieran decir algo significativo sobre el presente. Prefieren no recordar el rol decisivo que tuvo en la década pasada para asegurar la privatización de YPF, cuando fletó el avión de la gobernación santacruceña para asegurar que uno de sus diputados, que por un accidente tenía una pierna enyesada, llegara a tiempo a la sesión decisiva. Con las regalías atrasadas percibidas efectuó colocaciones financieras en el exterior, lo cual prueba que no se quedó en el 70. Sus simpatizantes tampoco mencionan el lobby sobre el gobierno nacional que Kirchner encabezó hace un año. Secundado por los gobernadores de Neuquén, Jorge Sobisch; de Mendoza, Roberto Iglesias, y de Chubut, José Luis Lizurume, fue el vocero de Repsol contra las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos decididas en aplicación de la ley de emergencia económica. Ni siquiera los gobiernos liberales de México y Chile enajenaron la renta minera en forma tan irresponsable. Aun bajo la conducción de Carlos Salinas de Gortari o Augusto Pinochet retuvieron la propiedad de sus yacimientos de petróleo y cobre. Las consecuencias para la Argentina se padecen ahora y se agravarán si comienzan las hostilidades en Irak y el precio del barril se remonta por encima de los 35 dólares, como es probable. Exportador neto de petróleo y derivados, la Argentina padece las oscilaciones del precio internacional igual que los países importadores.

Dentro de la ley, nada
En junio del año pasado se sancionó la ley que disponía que todos los partidos políticos designaran a sus candidatos presidenciales mediante elecciones simultáneas y abiertas al voto de los ciudadanos independientes. Así se intentaba satisfacer uno de los más persistentes reclamos al sistema político. Pero en cuanto el Poder Ejecutivo promulgó la ley, sus propios operadores la torpedearon y en octubre la jueza María Servini la declaró inconstitucional: cada partido era libre de decidir el momento y el modo de su realización. En noviembre la Cámara Electoral repuso la ley. Entonces la entente política justicialista-radical acordó suspender su vigencia “por única vez”. El radicalismo votó en diciembre para escoger su candidato y no es imposible que antes de las elecciones generales se sepa quién es. El Congreso Justicialista fijó las suyas para el 23 de febrero, pero todavía no está claro si las hará y en ese caso con qué sistema. Es lo que están tratando de averiguar el fiscal electoral Jorge Di Lello y el juez a cargo del juzgado de Servini, nada menos que Norberto Oyharbide, en cuyas manos se ha depositado la legalidad electoral.
Uno de los artículos de la ley prohíbe la propaganda electoral salvo en el mes previo a los comicios, lo cual no impidió que al menos dos de los precandidatos justicialistas saturaran los espacios de televisión. José De la Sota, con avisos tan de plástico como su cabello, elaborados por una agencia de publicidad; Kirchner, mediante la transmisión paga de sus actos proselitistas. Esta semana una sociedad tan conflictuada como la israelí mostró qué significa el respeto por la ley: un juez electoral ordenó cortar la emisión televisiva de una conferencia de prensa del primer ministro Ariel Sharon. En el mismo estilo del ex ministro argentino Domingo Cavallo, Sharon negaba a grito pelado haber incurrido en un acto de corrupción, cuando el Oyharbide hebreo ordenó sacarlo del aire porque entendió que su arenga violaba una ley similar a la argentina. Por otra parte, la mera denuncia periodística de que Sharon recibió un préstamo indebido por un millón y medio de dólares para el pago de sus gastos electorales bastó para que cayera en forma vertical en las preferencias de voto. Este escrupuloso respeto por la honestidad personal y la ley no se extiende a la población palestina, sometida a actos cotidianos de exclusión y barbarie. Pero esta es otra cuestión que, por suerte, no se compara con ninguno de los problemas de la democracia argentina.

Fatalismo
El Senador Duhalde no consigue superar el terror nocturno que desde su infancia en la política nacional le infunde Menem. “Voy a terminar con ese fantasma”, dice Kirchner, en una precisa interpretación del fenómeno. “Si hay internas las gana Menem. Es el único que tiene plata y con la miseria que hay nos compra los punteros por dos pesos”, coincide uno de los más próximos colaboradores de Adolfo Rodríguez Saá, el cuarto precandidato justicialista. La hipótesis que todos ellos manejan es que Menem no podría obtener el mismo resultado en una elección nacional, donde los controles serían más estrictos y en la que se concretaría el repudio al ex presidente que todas las encuestas reflejan. Por eso han llegado a contemplar con tanta seriedad la sanción de una ley de lemas, pese a su irremediable inconstitucionalidad.
El problema para Duhalde es que en la lista de los candidatos a los que “Nunca Votaría”, después de Menem sigue él. Todos sus intentos de diferenciación no le han bastado para romper la asociación entre ambos. Por eso una de sus obsesiones es encontrar un candidato vicario, mítica fantasía peronista. Si estas especulaciones del ex intendente de Lomas de Zamora fueran fieles a la realidad, su egoísmo sería el principal obstáculo para la renovación política cuya necesidad todos proclaman y pocos practican. Menem quizás podría ganar la interna, cosa que dista de ser segura, pero caería derrotado en la elección general. Dados los bajos índices de entusiasmo por las diversas candidaturas, que hasta ahora no superan el 15 por ciento de las voluntades, es posible imaginar una segunda vuelta en la que se celebraran los acuerdos que la reforma constitucional de 1994 propició y se potenciara el componente parlamentarista del híbrido sistema vigente. El perro del hortelano no puede soportarlo.

Zonas marrones
En 2002 se alcanzó un nuevo grado de descomposición respecto de lo que se venía viviendo. Hace diez años el más apreciado politólogo argentino cuestionaba a “la democracia delegativa” y advertía sobre los riesgos que la acechaban. Guillermo O’Donnell anunció que “las democracias delegativas, los Estados esquizofrénicos, la responsabilidad horizontal débil, las áreas marrones y la ciudadanía de baja intensidad son parte del futuro previsible de muchas nuevas democracias”. Por “zonas marrones” entendía aquellas donde falta la dimensión pública, legítima, del poder, “sin la cual desaparece el Estado-nación y el orden que éste sustenta”. La jubilosa celebración del advenimiento de la democracia “tiene que complementarse con un sobrio reconocimiento de las inmensas dificultades que entraña necesariamente su institucionalización y su arraigo en la sociedad. (...) A largo plazo, las nuevas democracias pueden dividirse entre las que siguen el rumbo afortunado y aquellas que retroceden a un autoritarismo extremo”. El autor de “El Estado Burocrático Autoritario” dijo que esto se corresponde con “varias formas de discriminación y de pobreza extendida, así como su contraparte, la disparidad extrema en la distribución de los recursos, no sólo económicos”. Se respetan los derechos democráticos, pero se viola en forma sistemática el componente liberal de la democracia: “Uno puede votar libremente y confiar en que ese voto se escrutará limpiamente, pero no puede esperarse un trato justo de la policía o de la administración de Justicia”. Las afirmaciones iniciales tienen hoy más vigencia que entonces, pero la última se ha vuelto dudosa. Votar libremente y confiar en la limpieza del escrutinio no son ya supuestos indiscutibles.

Las termitas
Hace poco más de dos años, en un reportaje publicado aquí, O’Donnell advirtió sobre lo que llamó “la muerte lenta de la democracia”, que describió como “una casa carcomida por las termitas”. Pocos días después de la renuncia del vicepresidente Carlos Alvarez, O’Donnell señaló el conformismo, “tanto en quienes están satisfechos con esta democracia truncada como en sus críticos, como si dieran por sentado que al menos seguiremos teniendo esta pobre democracia. Esta es una estupidez digna de María Antonieta, e ignora que no hay punto de equilibrio para esto que tenemos”. Esa muerte lenta “es un proceso largo en el que se produce una creciente corrosión, frente a la que nadie hace nada porque no hay episodios muy espectaculares. Pero en tres o diez años uno se despierta y se da cuenta de que esa democracia se acabó, que las libertades políticas básicas de la democracia política han sido abolidas de hecho, no necesariamente de derecho. Empiezan a pasar cosas que son casi moleculares, el sistema legal funciona sesgadamente, los jueces miran para un solo lado, se condona la violencia sobre gente que no merece consideración, ya sea Rosa Luxemburgo o algún villero. Los actores políticos y los liderazgos sociales miran para otro lado, como si fuera algo que no les atañe. Algunas asociaciones son perseguidas y reprimidas, la libertad de prensa padece un sistema de censura de hecho, se piensa que las próximas elecciones van a ser fraudulentas”.
Entre los síntomas preocupantes, mencionó “la distancia creciente de los actores políticos respecto de la ciudadanía, que responde con cinismo, alienación y enojo, porque siente que lo que pasa en la política nada tiene que ver con sus anhelos y sus pesares. Y por parte de la clase política, un juego de perros que se muerden la cola, cerrados en la coyuntura, con cada vez mayor incapacidad para mirar a la sociedad y atenderla. Cuando hay situaciones muy problemáticas, gravísimos conflictos sociales, económicos y políticos, casi todo el mundo se encierra en una visión de corto plazo, focalizada en los detalles, y deja de mirar hacia afuera, al largo plazo, hacia adelante y hacia atrás y de ver experiencias similares en otros lados y épocas que pueden ayudar a entender algunos aspectos de esta crisis”. Entre esas experiencias, mencionó la República de Weimar, que precedió en Alemania el ascenso del nazismo; la Italia de 1890 a 1920, anterior al triunfo del fascismo. “Una sintomatología típica aprendida de la historia puede ser la llegada a un punto en el cual la ciudadanía no cree en nada ni en nadie, donde siente que lo que pasa en la política le es ajeno y frecuentemente hostil, pero ya no tiene nada que decir, se interrumpió el vínculo, no hay a quien hablarle, no vale la pena hablar porque no va a ser escuchada”, agregó.
La expansión de las zonas marrones, que cubren porciones crecientes del territorio nacional, la profundización de las desigualdades sociales, el desdén generalizado por la ley sugieren que las termitas ya no tienen mucho trabajo por hacer. Carcomida la casa hasta los cimientos, el desafío reside en reconstruirla de otro modo, con otros valores y objetivos, participando en vez de delegar, sin disociar lo social de lo político ni renunciar a la democracia en nombre de algún postulado ideológico. Sólo la fresca iniciativa popular que desborde a los aparatos que intentan verticalizarla podrá romper el círculo vicioso entre la despolitización y el estallido.

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Rupturas y continuidades de la presidenta, a la luz de viejo material de archivo
Cristina, antes y después

Por Alfredo Leuco-lanacion.com

Marzo de 2000. Hay una rosa roja en cada mesa porque es el Día Internacional de la Mujer. Cristina Fernández de Kirchner comparte el programa con la voz tanguera de María Volonté y con Martha Oyanharte y María Pimpi Colombo, que en ese entonces competían en la elección interna porteña, una en la lista de Domingo Cavallo y la otra en las de Gustavo Beliz. Cristina contesta:
-¿Qué pasa con la credibilidad de los dirigentes?
-Yo siempre digo que hay dos cambios que desacreditan mucho a la política: los de patrimonio y los de opiniones.
-Y los de estado civil?
-No me meto en la intimidad? ja, ja.
-Usted ha tenido afinidad política e ideológica con Cavallo y con Beliz; es más: trabajó con ambos. ¿A quién votaría en la interna si tuviese que votar en Capital?
-Es una pregunta que no te voy a responder. Tengo amigos en todos lados, incluso en la lista de Irma Roy, que también está por presentarse. Cuando el partido fue intervenido y Beliz fue por afuera lo apoyamos, pero porque era una situación especial. Ahora soy militante de otro distrito y creo que todos tienen méritos, Cavallo, Beliz, Irma. No me obligues a definirme. No sería justo.
¿Existe la posibilidad de ver a Cristina Kirchner en un reportaje televisivo defendiendo a Domingo Cavallo y a Eduardo Duhalde y criticando muy duramente, "por menemista", a su actual ministro de Defensa, Arturo Puricelli?
¿Se imagina a la primera mujer elegida y reelegida presidenta de la Nación en el estudio de un modesto programa de cable fustigando a Alfredo Yabrán y respaldando a Cuba ante una actitud de Fernando de la Rúa que juzgó "vergonzosa"? ¿Le interesaría observar el desempeño de Cristina absolutamente desenvuelta, con un discurso inteligente y seductor frente a las cámaras? ¿Alguien creería que ella trataba en forma afectuosa y por su nombre de pila a Mariano Grondona y Luis Majul, dos de los muchos periodistas hoy satanizados por la cadena estatal y paraestatal de medios K?
No hay forma de probarlo, pero debo de ser el periodista que más veces entrevistó a Cristina. Largos bloques de más de 20 minutos en una docena de programas llamados Le doy mi palabra están prolijamente archivados desde 1997. Eran los tiempos en que Miguel Núñez, luego vocero mudo de Néstor Kirchner y actualmente invisible, se ponía en contacto con los productores de medios audiovisuales para "ofrecer" como entrevistada a la diputada o la senadora santacruceña que, para ser sinceros, siempre "rendía" porque tiraba títulos y no tenía pelos en la lengua.
Allí se puede ver una Cristina al natural, sin los cuidados de la "publicidad oficial" ni los espectaculares spots de Pucho Mentasti. Por momentos sonriente y de buen humor, pero implacable, casi desalmada, a la hora de salir al cruce de otro invitado-adversario, por ejemplo Federico Storani o José María García Arrecha. No se mostraba intolerante. Pero podía paralizar con la mirada y decía las cosas de frente, sin preocuparse por ser políticamente correcta. Eran tiempos casi de amateurismo mediático para ella. No estaba atravesada por el discurso antiperiodístico que tiene ahora desde el poder ni estaba encerrada en la cápsula que hoy la aísla y la preserva, al mismo tiempo, de las preguntas molestas.
Sorprenden sus argumentos sobre las investigaciones periodísticas en temas de corrupción del Gobierno, cuando afirma que "los medios no inventan las cosas, sino que simplemente las muestran", y que decir lo contrario es "subestimar a la gente, porque los medios no la manejan a través de un aparato de radio o tevé".
Puede resultar de utilidad para el análisis ver y escuchar sin filtro el pensamiento de hace más de una década de esa mujer apasionada hoy convertida en la presidenta más poderosa desde la recuperación democrática y con mandato hasta 2015. El ex presidente Lula aconsejó ir diez años atrás en la actuación y en las declaraciones de los políticos para conocerlos en forma más genuina. La idea, entonces, es tener la mayor información posible para analizar mejor los motivos que hay detrás de cada decisión. Pero no con el ánimo de levantar el dedito acusador y subrayar las "contradicciones" en las que Cristina cae, como caemos todos los que trabajamos a telón abierto sobre un material tan subjetivo y cambiante como el estado de ánimo de las sociedades. El truco de editar en forma sesgada para demostrar que "nadie resiste un archivo" ya está agotado y fue vaciado de contenido por la patota mediática oficialista que todos sostenemos con nuestros impuestos. Además, Cristina muestra en esos años muchas convicciones firmes que no dejó en la puerta de la Casa de Gobierno y que todavía hoy impulsa a rajatabla desde el poder. Sobre todo la lucha contra la impunidad; en el terrorismo de Estado, en el caso Cabezas o en el atentado a la AMIA. Su enfrentamiento contra los poderes permanentes, su apuesta a combatir los monopolios y su condición de senadora rebelde frente a los menemistas que la expulsan del bloque. Ella aparece, en esas imágenes antiguas, concluyendo que los que le sacaron tarjeta roja "no querían tener testigos" de lo que luego se conoció como las coimas del Senado que iniciaron el final del gobierno de la Alianza.
Vale la pena escuchar los argumentos con los que Cristina defendía a Duhalde por su valentía para meter mano por primera vez en la policía bonaerense con el objetivo de hacerla menos corrupta, o por su decisión "bien peronista" de ayudar siempre a los más humildes y de no privatizar el Banco Provincia, pese a que su esposo sí privatizó el Banco de Santa Cruz. ¿Cómo fue que luego, en un discurso histórico, lo acusó de ser un "padrino" escapado de la saga de Francis Ford Coppola, y con su marido se encargaron de tirar a Duhalde por la ventana de la historia?
Hay que ver a Cristina en octubre de 1998. En el mejor de los mundos. En su lugar en el mundo. Envuelta en un finísimo sacón de gamuza, tomando el té en la hostería Los Notros. El aire que se respira es de una pureza increíble y, como telón de fondo, la fuente de energía de los Kirchner, el glaciar Perito Moreno, del que ningún científico pudo explicar cómo es que avanza en lugar de retroceder tal como el resto de los glaciares. ¿Habrá que hacer una lectura política de este fenómeno de la naturaleza?
Esta Cristina revisitada gracias a la resistencia de los casetes VHS pronuncia, hace 11 años, las mismas palabras que repitió casi calcadas en su primer discurso como presidenta reelegida: "No hay que creerse el cargo". No tiene precio escucharla caracterizar el espacio que estaban construyendo con Néstor como "una alternativa generacional que quiere construir más autonomía dentro del peronismo; somos el posmenemismo". Suena algo paradójico saber que Carlos Menem revalidó su título de senador nacional al ganar en La Rioja en concubinato con el Frente para la Victoria. Aquella Cristina, y tal vez ésta, se niega a definirse como "progresista" o como "disidente" y se ríe cuando el cronista le consulta si no conforman "el ala izquierda del peronismo". Ironiza sobre ese concepto al que define como "nostálgico" y avanza más todavía, anticipando que "se puede lograr un Estado fuerte que regule las empresas monopólicas sin volver al 45".
Las palabras no suenan prestadas. Son genuinos pensamientos de Cristina, sólo que resignificados por el paso del tiempo y por el salto inmenso y la prueba del ácido que significa para aquella legisladora haber ganado dos elecciones presidenciales. Es revelador ver cómo en 1998 impulsa las internas abiertas y la independencia de criterios y se opone al verticalismo. Se resiste a elogiar todo lo que hace "el gobierno de mi partido" (así se refiere al menemismo) y asegura que no es justa una oposición que critica absolutamente todo lo que se hace.
Sin maldad, sólo como ejercicio de reflexión, uno se pregunta qué diría aquella legisladora de esta presidenta. Algo se sabe. En aquellos tiempos se negó a votar situaciones excepcionales incluso para su esposo presidente. Ahora las exige. ¿Uno hace al cargo o el cargo lo hace a uno? Hasta puede observarse una Cristina que habla en contra de la re-reelección de Menem. ¿Será un anticipo, una primicia periodística? Cristina ya ingresó en la historia. Pero tiene una prehistoria que ofrece muchas pistas para imaginar lo que viene.

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