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jueves, 8 de julio de 2010

matrimonios y algo mas!!!!


Te recomiendo que lo leas tranqui y sin alterarte, porque son muy buenos estos argumentos
Son dos cartas, la primera con humor la segunda seria. Curiosamente la segunda no es de "nadie de izquierda señores" sino de alguien que proviene del sector liberal argentino.
Estoy totalmente de acuerdo con esta ley y tambien con que deberian poder adoptar.
cariños picamiel
A las notas:
publicadas tambien en:

RAZONES PARA NO PERMITIR EL MATRIMONIO IGUALITARIOEn el debate sobre el casamiento entre personas del mismo sexo también tiene lugar el humor. El fértil, ingenioso e irónico humor argentino. Les dejamos un hilarante texto que circula por correo electrónico y que repasa todas nuestras conductas discriminatorias.
1) Es antinatural y a los argentinos no nos gusta nada que sea antinatural, como por ejemplo, el poliéster, los aires acondicionados, los autos, las computadoras y las mujeres hiper operadas plásticamente.2) Estar alrededor de personas homosexuales te hace homosexual, como estar junto a personas altas te hace crecer o estar al lado de kirchneristas hace que votes a Cristina o si vivís cerca de la casa de Cobos tu voto siempre va a ser “no positivo”.3) Si los padres son gays, los hijos también lo serán, como si no existiera caso de padres heterosexuales con hijos gays. Los hijos imitan todo de los padres, por eso todos los peronistas tienen hijos peronistas, todos los conservadores hijos conservadores y todos los médicos hijos médicos.4) La Argentina es completamente cristiana y no soportaría un acto anticristiano, por eso los argentinos no somos infieles, no tomamos alcohol hasta morir, no deseamos a la mujer del prójimo, no robamos, no coimeamos, vamos a misa todos los domingos, somos humildes y no tenemos sexo hasta el casamiento, ni comemos carne los Viernes Santo, todas actitudes anticristianas.5) Los niños sufrirían bromas en el colegio, primario y secundario por la calidad de sus padres, por lo que también estos actos deberían ser ilegales: tener nombres graciosos, nombres o que rimen con cosas graciosas, madres jóvenes y bonitas, granos, sobrepeso, mucho busto, poco busto, no ser físicamente atractivos, no estar a la onda, ser villero, ser cheto, etcétera, porque son cuestiones por la que los chicos son burlados en el colegio.6) El matrimonio sólo tiene como fin tener hijos: lo siento gente vieja, infértiles o personas que simplemente no quieren tener hijos. Por supuesto, una vez que la mujer deja de menstruar el matrimonio se vuelve inútil.7) Ver dos homosexuales besándose es asqueroso, por lo tanto ni los gays, ni los feos, ni los gordos ni los ancianos pueden besarse.8) Sin un padre y una madre los hijos crecerán mal, por eso los padres que se divorcian o los viudos y viudas no pueden criar a sus hijos.9) El matrimonio homosexual haría perder el valor del matrimonio tradicional, como ese que tienen las botineras con jugadores de fútbol sólo por la plata, los de las personas que se divorcian a menos de los dos años de casarse o los de los infieles.10) Porque claramente los derechos de las personas deben condicionarse por los gustos de la mayoría y si el día de mañana la sociedad ve mal que los negros o los judíos se casen, estaría perfecto; si deciden prohibir el casamiento cristiano una mayoría sería lo más natural o si simplemente la mayoría decide que una forma de vida es correcta, todos debemos vivir según nos manda la mayoría porque es lo correcto.11) El matrimonio gay significara un cambio de paradigma duro a nuestra sociedad al cual nunca nos podremos adaptar como a la idea del divorcio, familias mono paternales, los derechos de la mujeres, los derechos del trabajador, la modernidad, la postmodernidad, la democracia, el peronismo, el radicalismo, la inflación, la Internet, el aire acondicionado, los autos, etcétera.
Link permanente:
http://www.mdzol.com/mdz/nota/221875
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2
En el debate acerca del casamiento entre personas del mismo sexo, una opinión que defiende tales uniones desde la perspectiva de la tradición del liberalismo argentino.
07/07/2010 Hemos escuchado recurrentemente por parte de quienes se oponen a esta ley la invocación a la tradición como justificatoria del mantenimiento del actual statu quo, que deja a miles de personas sin poder acceder al elemental derecho a casarse, garantizado para todos los habitantes de la Nación sin distinciones por el artículo 20 de la Constitución Nacional. Frente a ese argumento corresponde una aclaración. La tradición de la Argentina es la de un Estado secular y en cada etapa crucial de su historia la marca de fábrica de nuestro país ha sido la de mantener una actitud vanguardista, que en no pocas ocasiones desafió los rígidos modelos mentales reaccionarios de algunos sectores de la población.Por eso en este debate resulta imperioso aclarar que la génesis argentina no es tradicionalista sino por el contrario marcadamente liberal, como lo fueron los padres fundadores, Moreno, Belgrano, Castelli, de clara formación enciclopédica e iluminista.El proceso de fundación de una sociedad abierta, tolerante y plural, que fuera un faro de atracción a los millones de hombres y mujeres del mundo que quisieran habitar nuestro suelo, fue el objetivo de la generación del '80.La formidable construcción educativa concebida e implementada durante las presidencias de Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda cristalizó en 1884 en la ley 1.420 de educación gratuita, obligatoria y laica que significó el acceso de millones de personas a los beneficios del conocimiento, y esto se hizo contra la cerrada oposición de los sectores tradicionales.En 1884 se creó el Registro Civil estatal para anotar nacimientos y defunciones. La Iglesia resistió tercamente la medida llegando al extremo de amenazar con terribles castigos a los padres que llevaran a inscribir a sus niños a ese nuevo registro.La sanción en 1888 de la Ley de Matrimonio Civil constituyó otro jalón en el proceso de secularización. Por ello sugerimos que una parte del debate que hoy estamos teniendo ya fue zanjada por nuestros gobernantes hace más de un siglo. Y fue resuelta en base a argumentos legales y constitucionales. Se rechazaron expresamente los argumentos religiosos porque la Argentina no es un Estado confesional y la religión -obviamente esencial en la orientación de las decisiones personales o grupales- no puede ser invocada para fundar decisiones políticas que por su naturaleza están destinadas a un colectivo social indiscriminado, plural, difuso y cambiante.La lucha por el estado de derecho ha sido vigorosa a partir del regreso a la democracia, con la participación de nuestro Parlamento y de la Corte Suprema de Justicia que ha sido una custodia efectiva de nuestro espíritu constitucional, habiéndose verificado progresivamente un creciente reconocimiento de derechos de distintas y variadas minorías. Temas como el divorcio vincular, que permitió que millones de personas divorciadas pudieran regularizar su situación jurídica, mientras la Iglesia se oponía asegurando que era el final de la familia y prohibía la comunión a los legisladores que la aprobaran; leyes reparadoras y correctoras de discriminaciones injustificadas como la ley de cupo femenino, la patria potestad compartida, la igualdad en la condición jurídica de los hijos y muchas otras, marcan el camino del sano liberalismo político concebido por los padres de nuestra Constitución, que reluce con más y más fuerza cada vez que los derechos elementales de cualquier minoría postergada golpean a las puertas de nuestra conciencia y de nuestra responsabilidad ciudadana.Por lo menos dos principios constitucionales que mencionamos brevemente avalan la aprobación por el Senado de la ley en debate: el primero es el ya señalado derecho al matrimonio consagrado en el artículo 20 de la Constitución sin trabas motivadas en la condición de género de los contrayentes. El segundo es el del respeto a la más absoluta autonomía decisional de las personas preservado por el artículo 19 de la Carta Magna, que desalienta las imposiciones externas de modelos de vida a las personas y expresa la extrema tolerancia hacia las decisiones personales, siempre que las mismas no causen daño a tercerosQué difícil parece a veces para algunos líderes poder soportar las diferencias, las individualidades y los matices personales que hacen que cada uno de nosotros sea diferente a los demás. Cuánto paternalismo berreta y cuánta injerencia indebida en la privacidad de las personas introduce el espíritu policíaco del control externo, que parece presumir que por la circunstancia de ejercer una representación política se puede decidir arbitrariamente a quiénes les corresponde y a quiénes no los derechos y las garantías que la propia Constitución garantiza a todos las personas del mundo que habitan o quieran habitar nuestro suelo. El matrimonio es hoy la convivencia de dos personas basada en el amor que genera derechos y obligaciones jurídicas a partir de la voluntad libremente expresada de los contrayentes de mantenerse unidos en el tiempo. ¿Cómo, con qué criterio científico, desde qué razón política, puede sostenerse que el amor de pareja es privativo de los heterosexuales? ¿Es que no podemos ver lo que pasa? Tal vez no veamos y somos conscientes de que, como decía Alejandro Correa en su maravillosa Canción, para elegir "es difícil explicar cómo es no poder ver a un ciego". No se nos escapa que un tema como el matrimonio para todos y todas interpela prejuicios largamente asentados en la tradición, el temor y la ignorancia, pero ante ellos debe elevarse la majestad suprema del respeto al otro y el ejercicio de la plegaria de la tolerancia. Leopoldo Marechal, maravilloso, católico, nos recordaba en Megafon o la guerra que el primer deber del cristiano es entender al otro en tanto que otro, en tanto que distinto.Albert Einstein, tal vez el más grande de los científicos del siglo XX, cuando reflexionaba sobre las dificultades para aceptar las paradojas de la teoría cuántica señalaba: "Dividir un átomo es muy difícil, pero más difícil aún es cambiar un prejuicio".Las personas que militamos la plena vigencia del Derecho estamos seguras de que al dar el Senado de la Nación sanción definitiva a esta ley de matrimonio civil podremos decir, seguramente con orgullo, que hombres y mujeres de una república libre contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más.
Por Alberto Montbrun - Abogado. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales
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