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miércoles, 13 de octubre de 2010

el 82% en el congreso y la crisis bancaria.





















Mientras que los politicos de hoy informan twitteando lo que piensan hacer, incluso algunos k dicen que no daran quorum, para el debate sobre el 82 % , mientras otros siguen peleando a twitter o muerte lo de
Amado Boudou, que identificó a dos periodistas de Clarín y La Nacion con "los que ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo", otra diarrea linguistica del bruto este....que comparte su brutalidad con la presidenta y biskocho marido, ya que no lo desmiente...y por lo menos algunos camaristas comentan cosas pero no ya twiteando, como Arslaniàn sobre como el juicio a las tres juntas comenzo sin que la sociedad pudiera creer que se podria llegar a algun puerto..En el video siguiente luego de la publicidad, podes oir lo que dice Arslanian.














Entre todo ese contexto, donde habria que sumar todo un planeta asomado a la ventanita de Chile viendo como se rescata a los trabajadores de la mina, de un accidente que no tenia que haber sucedido, como el que nosotros tuvimos en su momento aqui en rio Turbio, donde fallecieron 12 mineros...bueno en ese contexto donde el dinero es màs importante que una vida, esta la Gran Crisis mundial Bancaria, que si la anàlisas es igual a la que siempre tuvimos y de alguna forma padecemos nosotros también.

picamiel

las explicaciones de lo ocurrido continúan hegemonizadas por un contrapunto entre neoliberales y keynesianos. Los economistas ortodoxos cuestionan la osadía de los banqueros, los desaciertos de los gobiernos y la irresponsabilidad de los deudores. Los heterodoxos objetan el descontrol oficial, la tolerancia de la especulación y la ausencia de regulaciones financieras. Frente a esta argumentación comienza a ganar espacio otra interpretación de raíz marxista, que atribuye la convulsión a desequilibrios intrínsecos del capitalismo.

Apetencias e interferencias

Los neoliberales (Gary Becker, Alan Greenspan) repiten su libreto cómo si nada hubiera ocurrido. Presentan la crisis como un accidente pasajero, que no debería alterar el reinado de los financistas. Reconocen que el terremoto obliga a reconsiderar las supervisiones oficiales a los bancos, pero se oponen a eliminar las desregulaciones de los últimos años.

Lo que no pueden explicar es su fervoroso apoyo al socorro estatal que recibieron las entidades. Es evidente que ese auxilio contraría todas las prédicas a favor de la competencia y el riesgo. A veces argumentan que las instituciones financieras suministran dinero a toda la sociedad y deben ser preservadas con los fondos públicos.

Pero si requieren ese sostén pierden validez todas las alabanzas a la empresa privada. Los bancos constituyen el pilar de un sistema que los neoliberales consideran virtuoso y auto-suficiente. Con esas cualidades deberían poder afrontar las situaciones críticas sin ningún auxilio externo. En esas circunstancias y no durante el ciclo normal de los negocios se pone a prueba la consistencia del capitalismo.

Los economistas ortodoxos eximen a los banqueros de toda responsabilidad. Atribuyen la crisis a los efectos ocasionados por las políticas oficiales de abaratamiento del crédito, que estimularon el otorgamiento de préstamos a clientes insolventes. Pero en un contexto de bajas tasas de interés, los financistas podrían haber orientado sus colocaciones hacia otros destinos. No montaron la burbuja inmobiliaria por presiones oficiales, sino por el alto rendimiento que prometía ese negocio. Sólo reconocieron la existencia de un problema, cuándo la morosidad de esos créditos desató el quebranto de los bancos.

Ahora convierten a las víctimas en culpables del desplome. Los pequeños deudores que padecen el desalojo de sus viviendas son acusados de comportamiento irresponsable. Los neoliberales encubren las estafas cometidas por los banqueros, pero cuestionan a las familias empobrecidas que tomaron préstamos por simple necesidad de alojamiento.

Esta acusación es coherente con su restrictivo análisis de la crisis, en función de las conductas individuales. Utilizando ese parámetro consideran que los banqueros actuaron con excesiva confianza y se dejaron arrastrar por la codicia. No registran cuán absurdo es reclamar moderación en la actividad más competitiva del capitalismo. Las reglas de juego que rigen en ese ámbito habitualmente premian al aventurero y castigan al cauteloso.

La propia dinámica de la concurrencia por manejar los nichos más rentables del mercado empujó a los financistas a tomar los riesgos que provocaron el colapso. Los neoliberales que elogiaron a los apostadores en el auge, despotrican ahora contra la desmesura.

En sus caracterizaciones de la crisis focalizan todos los inconvenientes, en la inclinación psicológica de los financistas a tomar riesgos sin evaluar las consecuencias. Pero omiten el condicionamiento objetivo de esta actitud, que impone la vigencia de ciclos ascendentes y descendentes de los negocios. Siguiendo estas fluctuaciones los banqueros están forzados a valorizar su inversión, con iniciativas que tarde o temprano desembocan en un crack general.

Las explicaciones neoliberales incurren en incontables contrasentidos. Afirman que las señales de alarma fueron desoídas durante la euforia irracional de los últimos años y consideran que una retirada a tiempo, podría haber evitado el descalabro. Pero esa obviedad olvida que los desmoronamientos no son acontecimientos arbitrarios o evitables. Estos desplomes forman parte de la reorganización periódica que rige al capitalismo.

Los ortodoxos se arrepienten por el deslumbramiento que tuvieron con los sofisticados instrumentos de intermediación, para evaluar los riesgos financieros. Primero elogiaron la fiabilidad de estos mecanismos, pero ahora estiman que los swaps, los derivados y los seguros de cobertura convirtieron a la gestión del crédito en un laberinto inmanejable.

Es evidente que estos complejos programas -diseñados en Wall Street por expertos matemáticos- no permitieron ponderar de manera efectiva el riesgo y se tornaron indescifrables para los propios banqueros.

Pero el problema no radica en la falta de transparencia de la información aportada por esas herramientas, sino en las decisiones que adoptaron los financistas en un marco de concurrencia despiadada. Aunque los banqueros perciban las señales de riesgo no pueden valorarlas en forma adecuada, cuándo están inmersos en fuertes pugnas por el manejo rentable de las carteras.

La regla del beneficio creciente les impide adoptar en el momento adecuado la actitud conservadora, que todos aplauden a posteriori. Lo que parece racional luego del estallido es desechado con antelación, para no perder oportunidades de ganancias.

Pero lo peor no es el reconocimiento de este desacierto, sino la decisión de descargar las traumáticas consecuencias del desastre actual sobre los trabajadores y los desocupados. La principal función de la prédica neoliberal es justificar esta transferencia del costo de la crisis a los desamparados. Sus teorías sólo apuntan a proteger los privilegios de los acaudalados.

Fraudes y supervisiones

Los keynesianos (Paul Krugman, Joseph Stiglitz, George Soros, Nouriel Roubini) han desplazado a sus adversarios del escenario mediático. Consideran que presagiaron la crisis y advirtieron las negativas consecuencias de la desregulación bancaria. Pero estos mensajes de alerta no condujeron a confrontar seriamente con la elite bancaria, ni a exigir penalizaciones de la conducta financiera.

Ahora comparten la indignación colectiva que suscitan las impúdicas bonificaciones a los financistas. Pero avalan el socorro a los banqueros con los mismos argumentos que difunden el establishment. En lugar de reclamar la nacionalización del sistema bancario, aceptan una socialización de las pérdidas que acrecienta la deuda pública y obliga al ajuste perpetuo del gasto social.

Los keynesianos denuncian los fraudes cometidos con apalancamientos y contabilidades engañosas. También denuncian los oscuros negocios realizados con el capital propio de las entidades, que debía respaldar la actividad crediticia. Pero presentan estas estafas como pecados personales de los especuladores, omitiendo que el propio capitalismo incentiva periódicamente distinto tipo de malversaciones, para extender el alcance del crédito.

En esos ciclos de auge son muy demandados los financistas con habilidades para inventar nuevas formas de endeudamiento. En estas operaciones se violan las reglas vigentes, para gestar burbujas que rinden enormes ganancias.

Los keynesianos atribuyen estos excesos a la ausencia de regulaciones y proponen resolver el problema con normas más estrictas. Consideran que la tendencia de los banqueros a perder la prudencia, obliga al estado a ejercer una supervisión más estricta. Señalan que esta acción es indispensable para contrarrestar la inclinación de los financistas la gestión imprudente.

Pero en el sistema bancario no faltan reglas. Al contrario, abundan las normas y los mecanismos de supervisión. Como los propios banqueros preservan un control indirecto sobre esas disposiciones, las auditorías no reducen finalmente la incertidumbre, ni acotan el riesgo. Mediante distintos lobbies, los financistas suelen manejar toda esa maraña legislativa desde las trastiendas del poder. Con esa digitación inutilizan los controles e impiden neutralizar la irrupción de un crack.

La estrecha familiaridad entre los funcionarios y los banqueros se acentuó en las últimas décadas, a través de las privatizaciones y las normas de independencia de los bancos centrales. Pero esta asociación no es coyuntural. Acompaña al capitalismo desde su nacimiento y ha sido indispensable para la continuidad de este modo de producción. Los keynesianos cuestionan solo los excesos de esa relación.

Es importante notar que ha sido esta estructura de reglamentaciones y no su abstracta ausencia, lo que precipitó la crisis reciente. Las entidades no sufren la periódica erosión de su eficacia por vacios legales, sino por el impacto de la acción competitiva. La compulsión a incrementar el beneficio autodestruye las regulaciones heredadas de los períodos precedentes.

La expectativa de evitar el crujido financiero con nuevas disposiciones legales recrea viejas ilusiones en gestar instrumentos mágicos para prevenir la crisis. Estas herramientas nunca existieron, ni serán creados, mientras reine la presión para valorizar el capital en circulación. Esta compulsión erosionó las regulaciones de posguerra y vuelve a socavar las normas introducidas en los últimos años.

Seguramente el actual desarreglo neoliberal será enmendado con supervisiones más estrictas. Pero otra secuencia de mayor desregulación volverá a irrumpir, cuando el capitalismo necesite recomponer la tasa de beneficio.

Los keynesianos idealizan las regulaciones que establecen los estados para ordenar el funcionamiento de los mercados. Suponen que estas normas definen la dinámica del negocio bancario, olvidando que estas disposiciones aportan esencialmente una garantía del poder público para los papeles en circulación. La vigencia de una u otra regla sólo viabiliza ese funcionamiento. Lo que permite la existencia del crédito y la moneda es un respaldo estatal que exhiba solidez y capacidad de reembolso.

La comprensión de este proceso requiere aceptar que el estado no es una entidad al servicio del bien común, sino un órgano de protección de las clases dominantes. Cómo los economistas heterodoxos no aceptan este principio, imaginan que se pueden corregir todos los defectos del sistema con simples ajustes en las regulaciones.

El socorro que recibieron los bancos en la crisis debería poner fin a estas fantasías, ya que ha sido muy visible cómo los financistas manejan los resortes del estado en las situaciones críticas. Pero esta lección no será asimilada por quiénes observan al capitalismo como un sistema perfectible y eterno.
Volatilidad y desregulación

Existe otra corriente de teóricos pos-keynesianos (Philip Arestis, Gerald Epstein), que enfatizan en forma más contundente la responsabilidad del neoliberalismo. Estiman que la liberalización financiera potenció la incertidumbre, tornó volátil la circulación de fondos e incentivó la aceleración de las operaciones sin cobertura. Consideran que se estimuló una desbocada carrera por ampliar las ganancias inmediatas, favoreciendo la introducción de reglas de portafolio y maximización bursátil que terminaron desestabilizando a los propios bancos.

Este diagnóstico retrata el impacto de una transformación que contribuyó a potenciar el descalabro de las entidades. Pero este cuestionamiento omite las líneas de continuidad que vinculan a la era keynesiana con el período neoliberal. La desregulación se implementó preservando un patrón de intervención estatal sobre el sistema financiero, manejado por un selecto y estable grupo de expertos.

Es cierto que han estallado más burbujas que en el pasado, pero se mantiene la vieja pauta de transferir las riendas del sistema a esa elite cuándo los bancos tambalean. La persistencia de este comando demuestra cuán erróneas son las contraposiciones absolutas entre regulación keynesiana y flexibilización liberal. Ambas modalidades difieren en la gestión corriente de los negocios, pero se reencuentran en los momentos de potencial colapso.

Esta familiaridad es desconocida por los economistas que contrastan a los banqueros con el resto de los capitalistas. Cómo ignoran la asociación existente entre ambos grupos, han quedado desconcertado por la reciente conversión de los financistas en defensores de la acción estatal. Con igual sorpresa reciben la escasa predisposición que muestran los industriales para introducir cambios en el esquema neoliberal.

Los pos-keynesianos han retomado viejos cuestionamientos morales a la actividad improductiva. Denuncian el descaro de Wall Street, la estafa de los ahorristas y el chantaje de las agencias calificadoras contra los países endeudados. Pero olvidan que la especulación es una actividad constitutiva y no opcional del capitalismo.

Los bancos no forman un mundo aparte. Operan como complemento de la inversión y lucran desenvolviendo una actividad requerida por sus pares del comercio y la producción. El capitalismo enteramente productivo que imagina la heterodoxia nunca existió. El sistema se reproduce con formas crediticias que inexorablemente resucitan la especulación.

Al observar la tiranía de los financistas como un mal divorciado de la acumulación, se olvida también el lugar estratégico que han ocupado los banqueros en la reorganización general del capitalismo neoliberal. Esa gravitación contribuyó a imponer el incremento general de la tasa de explotación que reclamó toda la clase dominante.

Mediante su control del crédito, los banqueros definen actualmente el curso del ajuste que demandan todos los capitalistas y comandan las drásticas cirugías sociales que requiere el sistema para reproducirse. Lejos de introducir una distorsión en el capitalismo contemporáneo han actuado en función de las necesidades de este modo de producción.

Retracción de la demanda

Otras interpretaciones de la heterodoxia -más vinculadas a la tradición de la Regulación y el Distribucionismo- subrayan las tensiones creadas por el neoliberalismo en la esfera de la demanda (Michel Aglietta, Robert Boyer, Thomas Palley). Destacan que el modelo actual contrajo los salarios, amplió el desempleo y ensanchó la desigualdad social, hasta provocar un serio deterioro del poder de compra. Esta retracción afecta la demanda y potencia las recesiones. Partiendo de esta caracterización se convoca a recomponer la vitalidad del consumo masivo, con medidas de ampliación del gasto público y cierta redistribución del ingreso.

Este enfoque destaca también el impacto generado por los nuevos rasgos patrimoniales que presenta el consumo de los sectores altos y medios. Como una parte de los recursos de estos segmentos ha sido convertido en bonos y acciones, las corrientes de compras dependen más del vaivén de la riqueza financiera que del comportamiento de los ingresos. Por esta razón los ciclos de apreciación bursátil e inmobiliaria impulsan la demanda y los períodos de pérdidas precipitan regresiones de las adquisiciones. Los factores que determinan la “confianza del consumidor” han quedado enlazados como nunca al vaivén financiero.

Esta vulnerabilidad del consumo se acrecienta, además, por su creciente sostén en el endeudamiento familiar. Mientras que durante la posguerra la evolución de la demanda estaba dictada por la mejora del salario, en las últimas dos décadas ha quedado directamente conectada a la evolución de los préstamos.

Frente al creciente deterioro del mercado laboral, los asalariados han recurrido al auxilio crediticio para sostener su nivel de vida. Sólo el astronómico volumen de estos pasivos ha preservado el circuito de las compras, en un contexto de reducido ahorro. Los cuestionamientos al “sobre-gasto” de las familias estadounidenses retratan este divorcio, entre crecientes adquisiciones y exiguos reaseguros financieros.

Pero la acertada descripción de estos desequilibrios omite que el neoliberalismo solo potenció una contradicción del capitalismo contemporáneo. Este sistema incentiva el consumo en gran escala, sin brindar una contraparte de ingresos superiores y estables. Por un lado alienta las adquisiciones como barómetro del logro individual e identificación del éxito con el dinero. Por otra parte bloquea la obtención de esas metas, al fragilizar los ingresos mediante la competencia laboral y la degradación del trabajo.

El capitalismo actual promueve el consumismo hedonístico y el utilitarismo auto-referencial, pero imposibilita el disfrute de estos hábitos al generalizar la incertidumbre laboral. Este tipo de contradicciones salió a flote primero en Estados Unidos, pero ya se verifica en todos países avanzados.

Los economistas heterodoxos presentan estos desequilibrios como perturbaciones de la demanda, que podrían superarse mediante la ampliación del consumo. Olvidan que el capitalismo no tiene remedios sustanciales para los problemas que genera con el poder adquisitivo. En su propio desarrollo incentiva objetivos contrapuestos, al propiciar la ampliación de las ventas y la obtención de ganancias con menores costos salariales. Ambas metas son incompatibles, ya que la búsqueda de beneficios con bajos sueldos deteriora la posibilidad de ensanchar los mercados. En última instancia, esta contradicción –que irrumpe periódicamente- deriva del divorcio existente entre las condiciones de valorización (tasa de explotación) y realización (volumen de ventas) del capital.

Al desconocer esta tensión, los heterodoxos suponen que se puede evitar el ajuste neoliberal con mayor demanda y crecimiento. Pero estas propuestas son archivadas a la hora de gobernar. En esos momentos se reemplaza el recetario reformista por las acciones que exige el establishment. Lo demostró Obama, al utilizar los fondos públicos para socorrer a los bancos en desmedro de las mejoras sociales.

El comportamiento de los presidentes socialdemócratas de Grecia, España o Portugal ha sido más descarado. Lanzaron brutales despidos y recortes de los salarios, que se ubican en la antítesis de la reactivación de la demanda. Este contraste entre discurso y realidad ilustra los obstáculos que enfrenta la concreción de los enunciados heterodoxos.

En la crisis ha salido a la superficie la escasa predisposición de las clases dominantes para implementar medidas de retorno al estado de bienestar. Todos los capitalistas aspiran a seguir usufructuando de las ventajas que obtuvieron con la ofensiva patronal.

Los poderosos buscan incluso aprovechar el pánico creado por el desempleo, para ensayar una nueva oleada de thatcherismo, que liquide todo resabio de conquistas sociales. Este curso es propiciado por el conjunto de los opresores y no solo por los financistas de Wall Street. La reactivación del consumo popular con mejoras sociales solo puede efectivizarse a través de la lucha popular.

La crisis confirma que el funcionamiento del capitalismo se ubica muy lejos del imaginario heterodoxo. Todas las ilusiones en una trayectoria de equidad dentro de este sistema son desmentidas por el curso de los acontecimientos. Estas creencias presuponen que los empresarios actúan al servicio de la sociedad y que los estados regulan la distribución equitativa de los recursos. El ajuste refuta esa visión y demuestra cómo se desenvuelve un régimen social manejado por banqueros y empresarios.

Estos desaciertos de las concepciones keynesianas inducen a buscar explicaciones en los enfoques que postula el marxismo.

Estrechez del consumo

Los seguidores de Marx subrayan la responsabilidad del capitalismo en el estallido de la crisis. Consideran que estas convulsiones son inherentes al sistema y continuarán irrumpiendo mientras perdure este régimen social.

Pero dentro de un marco conceptual compartido, los partidarios de esta visión plantean distintas interpretaciones de la eclosión actual. Estas diferencias giran en torno a los principales desequilibrios del sistema. Son discrepancias que retoman controversias de larga data sobre los mecanismos determinantes de las crisis.

Una vertiente postula que la obstrucción de la demanda suscitada por la agresión neoliberal constituye la principal contradicción del capitalismo contemporáneo (Michel Husson, Alain Bhir). Atribuyen el debilitamiento del poder de compra a la propia acumulación, que divorcia el curso de la producción de la dinámica del consumo. Remarcan que esta fractura no puede remediarse con simples cambios de política económica

Esta mirada destaca que el debilitamiento de los sindicatos, la segmentación del trabajo y la flexibilización laboral han tornado más vulnerables las estructuras de la demanda, que se forjaron durante el estado de bienestar. La vieja norma de consumo estable ha sido reemplazada por modalidades de compra más imprevisibles. Esta inestabilidad bloquea la absorción de una canasta contemporánea de bienes, que ya no presenta la uniformidad de la producción en serie. El comportamiento de la demanda ha perdido previsibilidad, frente a la multiplicación de empleos flexibilizados, salarios inciertos y puestos de trabajo alternados.

Este enfoque permite notar cómo el incremento de la productividad, la informatización del proceso productivo y la aceleración de los ritmos de fabricación han acentuado la vulnerabilidad del consumo. La competencia despiadada obliga recortar el ciclo de vida de los productos y a lanzar nuevos diseños, antes de completar la amortización de las inversiones. Esta obsolescencia acelerada de las mercancías impone formas de consumo tan vertiginosas, cómo desconectadas del tiempo de vida útil de las mercancías. La compulsión a cambiar celulares, televisores o autos induce a desechar estos bienes antes de su aprovechamiento completo.

Esta visión conceptualiza acertadamente las obstrucciones que sufre la demanda, como desequilibrios de realización del valor de las mercancías. Los bienes fabricados en procesos de extracción de plusvalía necesitan venderse para consumar esa confiscación, pero la ausencia de compradores solventes impide concretar ese proceso. El mismo sistema que induce a producir mercancías con criterios de rentabilidad socava el poder de compra.

La norma del beneficio orienta además la producción en función de cálculos de mercado, que están divorciados de las necesidades prioritarias de la población. Las oscilaciones de la oferta y la demanda sólo registran en forma parcial y distorsionada estos requerimientos, mientras que el barómetro de la rentabilidad impide satisfacer las necesidades sociales.

Este enfoque describe como la agresión neoliberal ha creado un círculo vicioso de contracción de la demanda que obstruye la acumulación. También destaca que es improbable la atenuación de estos escollos mediante la reconstitución del estado de bienestar. Postula recuperar las conquistas perdidas a través de la lucha popular y convoca a un compromiso de los economistas con la batalla social.

Esta explicación demuestra que la competencia multiplica los desajustes en todos los modelos de capitalismo. En cualquiera de estos esquemas, los empresarios se encuentran empujados a reducir los ingresos de los asalariados, afectando la venta de los productos que necesitan colocar.

Esta contradicción obedece a una dualidad intrínseca del capitalismo que incentiva la producción ilimitada de valores de uso, restringiendo al mismo tiempo la absorción mercantil de los bienes. Este desequilibrio deriva en última instancia del acotado poder de compra que impone la distribución desigual del ingreso.

La división de la sociedad en clases acaudaladas y desposeídas se traduce no sólo en formas diferenciadas de consumo, sino también en severas restricciones a la digestión de los bienes fabricados. La estratificación clasista obstruye periódicamente la realización del valor, bloqueando la venta de las mercancías a precios compatibles con la ganancia esperada.

Al destacar cómo el capitalismo contemporáneo amplía la demanda sin crear una contraparte de ingresos mayores, este enfoque clarifica un determinante de la crisis en curso. Pero el peso efectivo de este desequilibrio y su grado de madurez son controvertibles. Un indicio del alcance limitado que presenta esta contradicción es el estallido de la crisis en la economía de mayor sobre-consumo del plantea (Estados Unidos) y su posterior extensión hacia otros regiones de alto nivel de demanda (Europa u Japón).

Esta localización indica la ausencia de un escenario general de sub-consumo. Más bien predomina una variedad situaciones diferenciadas. En el Primer Mundo prevalece un contexto de compras frágiles y extendidas, en las economías intermedias las adquisiciones están muy polarizadas y en la periferia la corriente de ventas es claramente insuficiente.

Conviene recordar, además, que el capitalismo tradicionalmente atemperó el estrangulamiento de la demanda, con la expansión del sector de equipamiento y bienes sofisticados. Estos contrapesos siguen operando y evitan la aparición de límites absolutos a la acumulación. El incremento de los salarios en comparación a la productividad o los beneficios ha quedado completamente rezagado, pero esta brecha se traduce en mayor desigualdad del ingreso y no en una retracción absoluta del consumo.

Sobreproducción de mercancías

Otra tesis marxista recoge las explicaciones que hacen hincapié en los excedentes de productos sin vender. Este tipo de sobreoferta irrumpió primero en las viviendas norteamericanas y se expandió posteriormente a varias ramas de la economía mundial (automóviles, siderurgia, textiles). La forma que asumen estos desequilibrios ha sido detalladamente expuesta por algunos teóricos (Robert Brenner).

Este enfoque considera el capitalismo soporta un deterioro estructural desde hace cuatro décadas. Destaca que el aumento de la rivalidad entre las grandes empresas ha generado un nivel de sobrantes que atosiga al mercado mundial.

Este efecto contrasta con el impacto tolerable que tuvo esa misma concurrencia en los años de posguerra. Mientras que inicialmente la economía mundial lograba cobijar el incremento simultáneo de la producción y el comercio, posteriormente ya no hubo cabida para todos. Alemania y Japón socavaron la supremacía industrial-comercial de Estados Unidos y los tres contrincantes quedaron entrampados en una agobiante concurrencia. El ingreso de China al capitalismo global acentúa estas tensiones e introduce una masa adicional de mercancías a la plétora de productos.

Esta mirada destaca cómo la sobreproducción corroe al capitalismo mediante batallas competitivas que generan sobrantes. La concurrencia impone un ritmo de fabricación, que desajusta la masa de bienes fabricados de los niveles de compra. Las empresas son empujadas a incrementar su productividad, mientras la competencia impide evaluar las posibilidades de colocación. Como la misma concurrencia obstruye la concertación entre firmas, los bolsones de excedentes reaparecen una y otra vez. Los capitalistas conocen estas consecuencias, pero no pueden amoldar el total producido a las necesidades de los consumidores.

El principal mérito de esta caracterización es resaltar el impacto actual de un viejo desequilibrio. Demuestra que los mercados inciertos, las demandas dudosas y las ganancias inseguras no disuaden la acción competitiva. Las batallas por bajar costos y desplazar a los concurrentes continúan a todo ritmo. Esta pugna empuja a la economía hacia precipicios tan indeseados como inexorables.

Esta visión no atribuye la crisis a errores de política económica, a desaciertos con las tasas de interés o a inconsistencias en los cálculos de la inversión. Ilustra cómo el desplome del nivel de actividad es un resultado objetivo de la compulsión competitiva. La rivalidad impide coordinar las acciones entre las distintas firmas y empuja a todos los participantes a soportar la multiplicación de los sobrantes.

Al resaltar estos desequilibrios se describe la forma en que el capitalismo es socavado por su propio dinamismo. Hay excedentes de mercancías por que se amplía la competencia, la inversión y la productividad. La crisis confirma que el sistema no padece estancamiento, sino imprevisibles niveles de actividad.

Esta mirada también permite notar la incidencia limitada que tienen los monopolios para bloquear el descontrol competitivo. Los rasgos deflacionarios que presenta la crisis actual corroboran esta observación. A diferencia de los años 70 los ajustes de competitividad entre las empresas no se procesan actualmente en un marco inflacionario. Incluso han aparecido varios indicios de reducciones absolutas de los precios.

Estas disminuciones serían inviables, si los monopolios contaran con fuerza suficiente para acordar una administración conjunta de la economía. En ese caso las firmas negociarían la redistribución de los mercados, manteniendo sus ganancias y niveles de precios.

¿Pero es suficiente el concepto de sobreproducción para dar cuenta de la crisis actual? ¿No involucra sólo al cimiento de otros mecanismos más determinantes de la convulsión? Estos interrogantes abren el debate. Particularmente controvertida es la caracterización de la modalidad actual de sobreproducción. Existen muchos indicios de que este desequilibrio no constituye un arrastre del período pre-liberal, sino un efecto de la reorganización impuesta por la mundialización neoliberal.

En esta reestructuración los sobrantes anteriores fueron digeridos y aparecieron nuevos excedentes, derivados de la competencia global por aumentos de la producción desgajados de la demanda local. Es problemático suponer que los excedentes se acumulan soslayando procesos depuratorios, cuándo el capitalismo no puede suspender este tipo de desvalorizaciones.

El propio funcionamiento del sistema lo obliga a transitar por sucesivos ciclos de revalorización y limpieza de capital. Lo novedoso es la gravitación que tiene el estado en estos procesos. Los funcionarios se encargan de rescatar a las empresas en quiebra para luego privatizarlas, mediante acciones que permiten un desagote coyuntural de la sobreproducción y facilitan la gestación de nuevas oleadas de excedentes.

Declive de la tasa de ganancia

Otra corriente de teóricos explica la crisis resaltando el comportamiento de la tasa de ganancia. Consideran que el descenso de esta variable socava estructuralmente al capitalismo, al deteriorar la meta primordial del sistema que es la rentabilidad (Andrew Kliman, Chris Harman, Guglielmo Carchedi).

Con esta caracterización se retoma un principio expuesto por Marx, para explicar cómo el promedio del beneficio tiende a contraerse junto al desenvolvimiento de la acumulación. La expansión de la inversión provoca esta declinación de la rentabilidad porcentual, al reducir la proporción del nuevo trabajo vivo incorporado a las mercancías, en relación al trabajo muerto ya objetivado previamente en las materias primas y la maquinaria. Al modificarse la relación entre estas dos variables (composición orgánica del capital) se produce una retracción de la tasa de beneficio. El promedio del lucro obtenido en proporción al capital invertido decae, por esta disminución relativa del trabajo directo de los asalariados.

Este movimiento se encuentra sujeto a ciertos contrapesos que permiten la continuidad de la acumulación. Es evidente que una declinación en flecha de la tasa de ganancia imposibilitaría la continuidad del capitalismo. Ciertas fuerzas compensatorias morigeran el declive, incentivando incrementos en la explotación de los trabajadores y abaratamientos del capital constante o variable. Pero dada la gravitación preeminente de las inversiones en maquinaria e instalaciones, ninguno de estos atenuantes logra frenar la disminución porcentual de la ganancia.

Algunas miradas consideran que este proceso empuja al capitalismo a una lánguida supervivencia. El decrecimiento estructural de la tasas de ganancia bloquea el dinamismo del sistema y provoca las traumáticas convulsiones que han salido a flote en la conmoción actual

Otras interpretaciones del mismo principio observan este impacto con mayor cautela. Estiman que la tasa de ganancia no ha seguido un declive invariable, sino un movimiento atenuado por la relativa recuperación del lucro en las últimas dos décadas. Atribuyen este respiro al incremento de la tasa de explotación que impuso el neoliberalismo. Pero evalúan que esa recomposición ha sido insuficiente para restaurar el promedio de posguerra y para asegurar un resurgimiento significativo de la acumulación.

Tanto el diagnóstico de deterioro persistente, cómo el enfoque de recomposición insuficiente de la tasa de ganancia, consideran que este proceso se desenvuelve preservando empresas obsoletas y capitales artificialmente revalorizados. La ausencia de depuraciones mantiene en pie a segmentos productivos inviables, cuya existencia perpetúa la crisis y obstruye la reorganización del capitalismo.

Este enfoque estima que la intervención del estado para socorrer a los bancos (y sus compañías deudoras) bloquea la “canibalización” mercantil que requiere el sistema, para consumar su periódico resurgimiento. Consideran que el capitalismo funciona como un vampiro: necesita regenerarse con cuotas de plusvalía que no logra obtener.

La importancia de esta interpretación radica en recordar que el sistema está socavado por su propia evolución. Si la tasa de beneficio se contrae junto a la expansión de la acumulación, el aumento de la inversión o la marcha de la competencia se confirma que el límite del capital es el capital mismo. La caída porcentual del beneficio que rodea a toda crisis no obedece a desaciertos en los negocios, a vaivenes naturales de la economía o a desmedidos apetitos de lucro, sino a un desequilibrio endógeno del modo de producción.

Siguiendo este razonamiento resulta posible observar cómo el escenario neoliberal ha incluido una secuencia de aumentos de la inversión, que incrementaron la gravitación de la maquinaria hasta afectar el porcentual del lucro. Los indicios de esta dinámica se verifican en el peso logrado por las compañías transnacionales que lideran la industrialización de Asia y en la informatización general del proceso productivo. Otro síntoma de la misma tendencia es la destrucción de empleos por cambios tecnológicos capital-intensivos.

Pero el análisis de la crisis partiendo exclusivamente de esta concepción contiene varios elementos controvertidos. Son numerosas las evidencias de recomposición de la tasa de ganancia en las últimas dos décadas. Esta restauración se consumó no sólo mediante el incremento de la tasa de explotación, sino también a través de un abaratamiento inicial de las materias primas y cierta depuración de las empresas.

Este dato es omitido cuándo se postula la existencia de una crisis continuada por bajo porcentual de lucro. Conviene no olvidar los contrapesos que desenvuelve el propio capital al deterioro de la tasa de ganancia y es importante registrar la dinámica fluctuante que sigue la ley de Marx, en las distintas etapas del capitalismo.

Las comparaciones con la posguerra exigen considerar, además, los nuevos comportamientos del nivel del beneficio en empresas transnacionales más globalizadas. Pero lo esencial es notar la reorganización capitalista que introdujo el neoliberalismo, mediante cirugías de empresas y depuraciones de capital.

Financiarización

Existe finalmente una corriente de teóricos marxistas que analiza la crisis en función de la hipertrofia financiera (Francois Chesnais, John Bellamy Foster). Destacan la gravitación de los capitales sobre-acumulados, que atiborran los mercados con montos superiores al promedio de la circulación bancaria. Este desborde suele ejemplificarse con las cifras siderales que rodean a las transacciones especulativas (financiarización).

Este impacto es atribuido a varias transformaciones contemporáneas. Desde los años 70 desapareció un referente objetivo para mensurar la gravitación de cada moneda, en función de las productividades nacionales (in-convertibilidad del dólar). Esa eliminación abrió un grifo para desbordes bancarios y bursátiles, que incentivaron la propensión a gestar burbujas.

Esta corrosión fue posteriormente potenciada por la privatización de las finanzas, que redujo las garantías brindadas por los estados para el desenvolvimiento del crédito. Los préstamos crecieron en forma explosiva y los resguardos se contrajeron en forma alarmante.

Finalmente la titularización de los bonos consumó una transferencia general del riesgo a múltiples acreedores del planeta. La expansión de los fondos de pensión y las carteras institucionales propagó internacionalmente las nuevas modalidades especulativas de administrar el ahorro.

Otra corriente de pensadores (Costas Lapavitsas, Alfredo Saad Filho, Drick Bryan) observan la financiarización desde un ángulo diferente. Presentan a este desequilibrio cómo un resultado del propio dinamismo de la reestructuración neoliberal. Estiman que durante este período los bancos enfrentaron la pérdida de su mercado tradicional de grandes compañías, que ahora se autofinancian. Por eso recurrieron a una ampliación de los créditos hipotecarios y de consumo. Pero este giro condujo a colocar préstamos entre asalariados ya endeudados y traumatizados por la precarización.

La financiarización convirtió además a las familias con deudas en unidades de cálculo, que deben auto-administrar sus erogaciones, seleccionando sistemas de pago, tasas de interés o tipos de crédito. Para orientar estas decisiones se ha difundido la nueva literatura que responsabiliza a cada individuo por el éxito o fracaso de sus elecciones.

Estos mecanismos no solo potencian la mercantilización de la vida cotidiana y la alienación del consumo. Cómo los asalariados gestionan su propio riesgo con ingresos decrecientes y vulnerables, terminan atrapados en situaciones de quebranto que se trasladan a los bancos y afectan al conjunto de la economía.

El principal mérito de estas visiones radica en la conexión que establece entre las turbulencias financieras y los desajustes estructurales del capitalismo. Las tensiones bancarias no son atribuidas a la malicia de los especuladores, sino a la multiplicidad de obstáculos que enfrenta el capital para su propia reproducción.

Esta caracterización cuestiona, además, la presentación usual de la estructura financiera, como un sistema de ahorros sabiamente canalizados hacia la producción o perversamente derrochados en la intermediación. El dinero que alimenta estos procesos es acertadamente conceptualizado como un derecho de apropiación de la plusvalía, que generan los trabajadores y confiscan los patrones.

De esta forma se esclarece el contenido social que rige a la moneda y el crédito, superando el fetichismo financiero que enceguece a la economía convencional. Con esta óptica se esclarecen los privilegios de clases que sostienen a la circulación del capital. Solo esta mirada permite evitar la presentación superficial del estallido actual como un error de funcionarios, un acto de irresponsabilidad bancaria o un efecto de apetencias especulativas.

Pero estos aciertos coexisten con varios problemas. Es vital establecer los nexos que vinculan la crisis financiera con sus determinantes productivos, para explicar las raíces de la convulsión actual. No hay que olvidar que las principales contradicciones del capitalismo continúan localizadas en la esfera de productiva. Allí se procesan las tensiones subyacentes que desestabilizan a la moneda y el crédito.

Los enfoques de la financiarización que reconocen el dinamismo del período neoliberal permiten aproximarse a esta comprensión, al registrar los nuevos desequilibrios creados por esa expansión en la esfera bancaria. Este esclarecimiento queda obstruido en las visiones que postulan la preeminencia de una etapa estancamiento, hegemonía parasitaria de los financistas o pura primacía de las actividades rentistas.

Con esta última mirada resulta difícil notar la estrecha asociación que presenta la crisis en curso, con la expansión geográfica y sectorial que registró el capitalismo durante las últimas décadas. El liderazgo de los banqueros ha permitido consumar una reorganización, que no sustituye la lógica de acumulación por la dinámica del saqueo.

Teoría y política

Las controversias sobre la crisis están modificando el ambiente del pensamiento económico. Al cabo de dos décadas de silenciamiento se vislumbra un principio de rehabilitación del enfoque socialista. Resurgen las lecturas de “El Capital” y reaparecen los seguidores contemporáneos de ese texto. Si esta tendencia prospera, la concepción marxista recuperará autoridad política e intelectual. Esa recomposición es indispensable para desafiar la hegemonía intelectual que comparten los neoliberales con los keynesianos.

Pero la reconquista de este espacio exige actualizar también las distintas tradiciones de una corriente que impugna el capitalismo, cuestiona la explotación y propicia gestar sociedades igualitarias. Esa reconstrucción se desenvolverá conectando el pensamiento económico con la práctica política y evitando tanto los tecnicismos como los razonamientos abstractos. La tradición marxista es muy crítica con las especializaciones académicas ajenas a la lucha social y se ubica en las antípodas de cualquier segmentación entre economistas (que aportan diagnósticos) y cientistas políticos (que evalúan las consecuencias de esos escenarios).

En el marco de estos criterios comunes se procesan las actuales divergencias teóricas entre marxistas sobre el origen de la crisis. Son desinteligencias al interior de una cosmovisión compartida, que enfatiza la preeminencia de distintos desequilibrios en la determinación de la crisis. Qué estas contradicciones se ubiquen en la esfera del consumo, la producción, las ganancia o las finanzas no altera la caracterización central de la conmoción en curso, como una crisis sistémica del capitalismo.

Es importante recordar esta coincidencia básica para lograr un desenvolvimiento provechoso de las polémicas. También es vital notar que estas disidencias conceptuales no tienen correlatos políticos directos. De una misma interpretación de los desequilibrios económicos se pueden extraer conclusiones políticas divergentes y también es factible el proceso inverso. La existencia de estas mixturas refuta muchas simplificaciones. Ninguna teoría socialista de la crisis conduce de por sí a la moderación reformista o a la radicalidad revolucionaria.

Recogiendo el legado de un siglo de reflexiones teóricas es posible gestar una nueva combinación de análisis científico, crítica al capitalismo y práctica socialista. Esta búsqueda ya ha comenzado y los primeros resultados son muy alentadores.

Claudio Katz


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lunes, 13 de septiembre de 2010

La minera Goldcorp se extiende a la patagonia: Un proyecto con características "muy excitantes"

No pueden evitarlo. Los dueños y ejecutivos de las principales corporaciones mineras del mundo miran las oportunidades que les ofrecen los gobernantes en Argentina y se les cae la baba. No es para menos. El proyecto nacional y popular es un destino “mine-friendly” para las compañías trasnacionales, que siguen batiendo récords de transacciones. La semana pasada se realizó una operación de 3400 millones de dólares, en la provincia del matrimonio presidencial.

La fiebre del oro

En todo el mundo se ha desatado una espiral de adquisiciones y fusiones de empresas mineras. En general afecta grandes proyectos de inversión, que son absorbidos por corporaciones “seniors”, que en la jerga del ramo serían las empresas gigantes, con mayor trayectoria y extensión. Este proceso se da en un marco de enorme crecimiento del precio del oro -se triplicó en los últimos cinco años- y en momentos en que en gran parte de América del Sur y América Central – a escala masiva, en toda la Cordillera de los Andes- se implanta el paradigma de explotación conocido como “a cielo abierto”. Un paquete tecnológico basado en la voladura de los cerros y en la utilización de grandes cantidades de agua, que queda envenenada con cianuro, sólo puede ser posible por el acompañamiento obsequioso del poder ejecutivo, legislativo y judicial, que provee de enormes ventajas al sector.

En Argentina, por caso, las corporaciones mineras parecen tenerlo todo. Un paquete de leyes a su medida, impulsado por Menem pero sostenido también por el kirchnerismo. Gobernadores ávidos por hacer negocios. Una Casa Rosada dispuesta a recibirlos, visitarlos, cerrar acuerdos, y si es necesario, hasta vetar leyes que puedan afectar la tasa de ganancia de las empresas. Y por supuesto lo más básico: montañas de riqueza minerales esperando se r exploradas, extraídas y transportadas hacia los puertos por las grandes empresas trasnacionales. El poder de las corporaciones es creciente y, causalidad o no, en algunos mentideros políticos comienza a manejarse la hipótesis de que un hombre muy cercano a sus intereses, José Luis Gioja, se instale en la vicepresidencia a partir de 2011. El gobernador de San Juan es un histórico lobbysta del sector y en estos momentos encabeza una especie de liga de gobernadores cordilleranos que están jugando abiertamente a favor de los intereses de las empresas, coordinando políticas provinciales y pulseando en el Parlamento, como con la ley de Protección de Glaciares, con posibilidad de aprobarse en el Senado dos años después que Cristina Fernández vetara la norma, a pedido de la Barrick Gold y otras compañías, casi todas británicas y norteamericanas.

Bajando por los Andes

En este contexto, la empresa canadiense Goldcorp anunció que extiende sus negocios a la Patagonia, más precisamente a Santa Cruz, al comprarle a la australiana Andean Resources el proyecto Cerro Negro. Según anunciaron en un comunicado, la venta se realizó por 3600 millones de dólares canadienses, unos 3400 millones de dólares estadounidenses, un récord histórico para una transacción en nuestro territorio.

Goldcorp tiene explotaciones en México, Guatemala, Honduras y Chile. En Argentina es la dueña del 37.5% de Bajo la Alumbrera, la mina en operaciones más grande del país, en la provincia de Catamarca. Se trata de un emprendimiento severamente cuestionado por las asambleas de las comunidades, a causa de los daños al patrimonio común: el agua, la tierra y en general, el equilibrio del medio ambiente.

Con la adquisición de Cerro Negro, la corporación se apropia de un proyecto con perspectivas de alto crecimiento y con recursos comprobados, según anunció, de 2,5 millones de onzas de oro y 23,5 millones de onzas de plata, lo que la convertiría en la segunda mina de oro del mundo, compitiendo con la explotación llamada Muruntau, en Uzbekistán.

Frotándose las manos

El director general de la compañía no ahorró expectativas al anunciar la operación. “Una característica muy excitante del proyecto es la oportunidad de un crecimiento continuo de los recursos en oro a través de la expansión de los yacimientos existentes y del descubrimiento de zonas adicionales”, explicó Chuck Jeannes.

El entusiasmo del funcionario de Goldcorp es similar al mostrado por ejecutivos de otras compañías multinacionales en diversos eventos y actos políticos. El crecimiento en la cantidad de proyectos mineros en el territorio argentino es exponencial: la producción se multiplicó por cuatro en sólo cinco años, superando los 16 millones de pesos y dando lugar a ganancias extraordinarias, que en su mayoría son giradas al exterior, para beneficio de los grandes accionistas internacionales. De la copa de esta rentabilidad, las empresas están destinando algunas gotas hacia abajo, no sólo para aceitar contactos en el mundillo político, estimular campañas de propaganda o contratar abogados con las mejores aptitudes para transitar los palacios de justicia: también para mostrarse apegados a las obras sociales y ganar consenso en épocas en que las comunidades se organizan. El director de Cerro Negro anunció que el 1% de la utilidad neta quedará para la localidad de Perito Moreno, ubicada a 130 km. del yacimiento. No aclaró si con el 99% de las utilidades los directivos y accionistas se harán cargo del pasivo ambiental que quedará en pocos años, cuando el proyecto esté agotado.



jueves, 2 de septiembre de 2010

No hay peor astilla que la del mismo palo!!!




los colores no son al azar***


Aquí una entrevista al diputado Bonasso un desencantado kirchnerista, que también se había comido el verso de Nestor..creo que pudo haber dicho muchas más cosas del perro ( por Verby) , pero sintió
lastima, es cierto, finalmente este país ya no tiene más códigos.

picamiel

Miguel Bonasso:“Estoy en contra de la política caníbal”

El diputado lanzó su libro, “La venganza de los patriotas”. Y habla de la Ley de Glaciares, Cuba, Verbitsky y el progresismo K.

Su casa es de las que dan ganas de vivir allí: cálida, con cierta onda mexicana, atiborrada de libros y fotos con historia. Miguel Bonasso –diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, periodista y escritor–, conoce el lenguaje periodístico, disfruta de la sesión fotográfica y hasta propone: “Si querés hacemos una foto cocinando, algo que me gusta mucho. Otra de mis pasiones es el tango”.

No puede separar las dos cosas que ama: la política y la literatura. Está orgulloso de su último libro, “La venganza de los patriotas” (Editorial Planeta). Su pasión, que a veces se transforma en vehemencia, es la culpable de que en algunos pasajes su voz suba de volumen, hasta transformarse en gritos con aroma a debate parlamentario.

P: ¿Por qué decidió escribir este libro?

Miguel Bonasso: La primera razón es que tenía muchas ganas de volver a la literatura: allí está el gozo, la política es una obligación moral. De manera muy rústica, la política es mi esposa y la literatura es mi amante (se ríe). La segunda es que en 1993, buscando material para “El Presidente que no fue” (N. de R: biografía de Héctor Cámpora), leí la obra de teatro que Juan Bajarlía hizo sobre Monteagudo y dije: puta, qué personaje sensacional. El tipo fue asesor y consejero de Castelli, San Martín, O'Higgins y Bolívar.

P: ¿Dónde quedó el altruismo de la política?

Bonasso: Es difícil comparar al senador (César) Gioja (se ríe) con “el Hachado” (Juan) Arenales, quien vence en la batalla de Florida con doce heridas en el cuerpo y un hachazo en la sien. No es que no hubiera corrupción, deseos de poder, miserias y contradicciones, pero eran revolucionarios, esa es la palabra.

P: ¿Por qué escribió una novela de acción, casi un thriller?

Bonasso: Mi madre, una miliciana socialista vasca, me regaló dos mundos: el real y el más decoroso de Alejandro Dumas. Cuando cumplí 8 años me obsequió “Los Tres Mosqueteros” y todavía soy ferviente admirador de Dumas. Quería rendirle un homenaje a él y decidí contar la independencia de América del Sur como una novela de capa y espada, llena de intriga, relaciones de poder y espionaje. Pero tenía un problema técnico muy serio: al morirse Monteagudo, se me acababa el libro. Mi hijo Federico me dijo: “Tenés que inventar tu D'Artagnan”. Así nació el álter ego de Monteagudo, el general Ayala.

P: Cristina Fernández suele justificar su estilo confrontativo mencionando a Moreno o Monteagudo, que no dudaron en utilizar la violencia.

Bonasso: Estaban en guerra, no eran violentos porque les gustaba. La Presidenta no puede reivindicar “la gesta” y después vetar la Ley de Glaciares. Tener pasión no significa gritar ni levantar el dedito, significa ser consecuente en aquello que se defiende. A los jacobinos, como Monteagudo y Moreno, los caracterizó su consecuencia, no su violencia. Hicieron cosas increíbles, tenían una organización admirable y no había Twitter ni Facebook ( ríe).

P: ¿Qué opina del uso que algunos funcionarios le dan a Twitter?

Bonasso: No se puede condenar al instrumento, el problema aparece cuando lo utilizan sólo para putear. Estoy en contra de la “política caníbal”. La pasión no justifica el agravio. Sentarse con alguien que piensa distinto y tomar las mejores cosas de cada uno no es transar, es hacer política en democracia.

p: ¿En qué consiste la Ley de Glaciares?

Bonasso: La Cordillera de los Andes es la fábrica del agua más pura y potable que tenemos. Las mineras vuelan el cerro, pulverizan las rocas, le agregan millones de litros de agua y lo mezclan con una cantidad enorme de cianuro. A eso le dicen “la sopa”. Encima, esa sopa se hace en un agujero, que en el caso de Pascua-Lama, va a tener 400 metros de profundidad por 340 hectáreas de superficie ¡Estamos defendiendo el agua! Las empresas se quejaban con Gioja porque se les acaba el negocio, entonces Gioja le dijo a la Presidenta que había que vetar, y ella en su momento lo vetó. Estamos hablando de un negocio de 3.000 millones de dólares. Si no defiendo esto a muerte, no puedo ser presidente de la comisión de Recursos Naturales.

p: ¿Qué lo entusiasmó de Kirchner al principio?

Bonasso: Kirchner me prometió cosas que en su gran mayoría cumplió: renovar la Corte Suprema, respetar los derechos humanos, no reprimir los conflictos sociales, etcétera. Yo pensaba que podía ser un gobierno de transición, que permita que las fuerzas populares se organicen. Mientras él recorrió ese sendero, yo y un 70% de la sociedad lo apoyamos.

p: ¿Qué cambió?

Bonasso: Me di cuenta de que seguían ganando los mismos de siempre. Techint se llevaba 2.300 millones de dólares; los Kirchner aumentaban su patrimonio de manera sideral; las mentiras escandalosas del INDEC subestimaban en millones la cantidad de pobres, y la famosa Ley de Medios, por la que tanto peleé, en lugar de proponer al Congreso como autoridad de aplicación quedó en manos de (Gabriel) Mariotto. Es lo mismo si el poder comunicacional se acumula en manos de (Héctor) Magnetto o de Electroingeniería. Yo quiero verdadera pluralidad. No creo en la lealtad entendida como obediencia debida.

P: El diario montonero “Noticias”, que usted dirigía, no era un típico medio partidario...

Bonasso: (interrumpe) Fue un gran diario. La conducción del partido quería convertirlo en un resumidero de comunicados y les decíamos que eso no iba a vender ni 1.500 ejemplares. Imaginábamos un diario popular, que compitiera con “Crónica”, con un despliegue fotográfico espectacular. Y lo logramos. Tenía una dirección colectiva y, es curioso, pero (Horacio) Verbitsky cada vez que habla del tema omite que yo era uno de los directores y que por eso pusieron una bomba en mi despacho y otra en mi casa. Fue cerrado cuando tiraba 150.000 ejemplares.

P: ¿Qué opina del presente de Página/12? Usted fue uno de los fundadores

Bonasso: Se transformó en el boletín oficial. El periodismo debe ser como un sismógrafo, sensible a lo que pasa en la sociedad.

P: ¿Por qué periodistas que en los '90 decían que su tarea era ser crítico del poder, hoy juegan un papel tan diferente?

Bonasso: La pregunta es: ¿cómo Verbitsky terminó siendo el Neustadt de Kirchner?

P: ¿Y cuál es el verdadero Verbitsky?

Bonasso: (piensa) Lo malo de las etapas finales es que son las decisivas. Él se ha convertido en un amanuense del poder. Está del lado de los colonialistas de la Barrick Gold y de las licitaciones beneficiosas para Electroingeniería y yo, que ataco eso, resulta que le hago el juego a la derecha. Verbitsky fue (enfatiza) un gran periodista, ya no lo es.

P: ¿Los Kirchner son o fueron progresistas?

Bonasso: Al comienzo creí que lo eran. Pensaba que eran militantes de los '70 y ni eso. Su participación fue muy periférica, mientras a mí me buscaban para cortarme en pedacitos como un salame, Kirchner hacía usura con los departamentos en Santa Cruz. Después, comenzó una utilización mercantilista de los derechos humanos. Me duele que los mártires de los '70 –con sus errores, pero que se jugaron la vida–, sean utilizados para encubrir una corrupción estructural. Quedaron en evidencia ciertas falencias estructurales que, sobre todo los intelectuales de Carta Abierta, deberían ver. Afanar no es progresista. ¡Cuando se roba se condena a la miseria y al hambre a los pibitos! ¡Al que le afana al Estado hay que cortarle la manito! En esto soy jacobino, como Monteagudo.

P: ¿Está de acuerdo con esta cierta apertura que hay en Cuba?

Bonasso: Yo soy amigo personal del comandante Fidel Castro y muchas veces me preguntan cómo conviven en mí la admiración hacia sus políticas y mi prédica republicana en la Argentina. Cuba es una fortaleza sitiada por el imperio más grande del mundo, pretender que tenga instituciones escandinavas es ridículo. Cuba es nuestro último reducto de dignidad latinoamericana. No quiere decir que yo pretenda hacer algo parecido de la Argentina, tenemos diferentes historias, estructuras económicas y sociales. Aspiro a que las cosas cambien sin que se pierda lo esencial de la revolución, como la educación y la salud igualitaria

Noticias: ¿Y qué le parece Hugo Chávez?

Bonasso: También soy amigo de Chávez, pero nos hemos visto muy poco últimamente y creo que se debe a una interferencia... y tengo la sospecha de que algo tiene que ver el amigo (Julio) De Vido. Yo fui el primero que le aconsejó a Kirchner que debía acercarse a Venezuela: si Brasil era el “monopolio bueno”, Venezuela debía funcionar como el fiel de la balanza para equilibrar las relaciones comerciales.

P: ¿Que piensa de la censura en Venezuela?

Bonasso: Hay que ver bien lo que pasa allá. Los medios llevaron a cabo un golpe de Estado en el 2002. Eso excede la libertad de prensa. Si un diario llama abiertamente al golpe, es subversión.

P: ¿Qué Argentina imagina en el 2011?

Bonasso: Es difícil deslindar lo que creo de lo que quiero, pero en la Argentina hace falta una gran coalición socialdemócrata.

P: ¿Cuál es su patriota preferido? ¿Hay patriotas hoy?

Bonasso: San Martín, es el más grande, sin dudas. ¡No por eso lo idealizo, eh! Hay de todo en el libro, hasta le practican una fellatio. Sé que por eso me voy a comer alguna puteada, pero voy a contestar que el Padre de la Patria también se merece una alegría (se ríe). En esta época, de su estatura, no hay ninguno.

Por Diego Leuco

miércoles, 1 de septiembre de 2010

LEY DE MEDIOS/“Todo avance del Ejecutivo sobre el Judicial implica desobediencia a ese poder”. Daniel Sabsay

Va con tres audios, en formato de video, para que queden gravados para cuando se desmientan ***picamiel

Todos o casi todos los normales estamos de acuerdo que es necesaria una ley de medios, una ley que no sea la que venimos arrastrando de la ultima dictadura genocida...pero tambien los que pensamos algo, sabemos que todo lo que se hizo apurado en este pais, entre gallos y medianoche fue para traer mas horror y desastres a este pais..es evidente que ahora se quiere cambiar el monopolio Clarin por el Monopolio del gobierno de turno...sin embargo los ultimos actos de este gobierno, ya pasan de ser meramente avivadas o triquiñuelas, para estar dentro de lo que se dice..Morenadas tropas.

Por lo que tanto el pavoneo de hoy, del profesor de audiovisuales Mariotto Devenido en ministro de este gobierno y a cargo por decirlo de alguna forma de toda la secretaria de acción social de Lomas De Zamora, seria una medida inconstitucional, ilegítima y contraria al derecho.-

Probablemente los kirchner como otros gobiernos también han hecho, creen que pueden saltear otro poder, en este caso el judicial, como hacen con las elecciones cuando los partidos reclaman ilegalidades en una elecciòn, y en un acto patoteril más se quieren llevar puesto al poder judicial, olvidando que tambien hay elecciones en el, y aparentemente perderían su mayoría ahí, de la misma forma en que han perdido las ultimas elecciones, en forma catastrófica.




y en el mientras tanto Mariotto hacia ensaladas con los dichos y desdichos de la misma ley, publicado con bombos y platillos en el nuevo espacio kirchnerista en la Red















El Gobierno publicó hoy en el Boletín Oficial la reglamentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

El decreto, firmado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, está en vigencia desde hoy mismo, segun reza su texto, aunque la aplicación de la Ley de Medios sigue suspendida por distintos amparos judiciales

La Corte Suprema, de hecho, aún debe revisar uno de los artículos más polémicos de la ley, el 161, que es el que impone a las empresas la obligación de desprenderse en un plazo de un año de las licencias que excedan lo que permite la ley
Esa obligación había sido suspendida por tribunales inferiores y la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal que aceptó el recurso extraordinario impulsado por la Procuración del Tesoro para que sea la Corte la que revise la medida cautelar que mantiene suspendido el artículo 161

El año pasado, en medio de la discusión parlamentaria de la ley, la oposición pretendía extender el plazo de desinversión a tres años, pero el oficialismo –que entonces todavía tenía mayoría en las dos Cámaras del Congreso- entendió que un año era suficiente La ley 26.522 que hoy reglamentó el Gobierno fijó topes a la cantidad de licencias y por tipo de medio. Dispone que una empresa no puede tener más de diez licencias de radio y televisión a nivel nacional, y que no puede ser titular de un canal de TV de aire y de uno de cable en una misma localidad. La Corte ya se pronunció antes a favor de una presentación del Estado Nacional al revocar la suspensión de la totalidad de la norma -que había sido dispuesta por una cautelar- en una causa iniciada por el diputado nacional por Mendoza Enrique Thomas, aunque aún no se expidió sobre el fondo de la cuestión, que es la constitucionalidad o no de la iniciativa.


Pero para concluir con un dia fenomenal kirchnerista, demostrando lo poco que les interesa todo lo que les pasa a los ciudadanos comunes, en las camaras se trataba el tema de la seguridad en la salida de los bancos, con el temor que provocan hoy en dia las motos, entonces una vez màs el kirchnerismo demostrò que poco le interesamos todos, retirandose de la sesiòn.





domingo, 29 de agosto de 2010

Nos habiamos amado tanto***

Este libro, habla de traidores que cambiaron la historia, claro que no llega a los traidores que supimos escupir de los repollos de nuestra sociedad, en tantos años de su larguisima historia.
Por estos dias en que un gobierno que se dice democratico y que parece un monstruo de dos cabezas cincuentonas con botox, se vuelve a hablar de traidores, si de traidores a lo popular.
Irònicamente los que hablan de traiciòn vivieron bañados en el champagne de Menem, y hoy enriquecen al 100% cada año su patrimonio, o sea en forma geometrica. Ellos acompañados
por una clase de individuos que en algun momento expresaron que luchaban por los desprotegidos,pero hoy se enriquecen y luchan por la corona, el fin de las utopias que anunciò Menem? Seguramente para ellos, no para el resto de la humanidad que con o sin ellos seguirà su marcha soñando y creando nuevas ùtopias y poniendo en marcha nuevos sueños...Sin embargo el mundo es muy triste, y nuestro pais lo es màs, cuando decimos: ya no les creemos ni cuando nos dicen la hora.

picamiel

A continuacion: un artìculo de
Alberto Morlachetti , y luego tres videos de Lanata, que expresan lo que hoy por hoy, muchos sienten con respecto al gobierno, pero en cuanto al tema en cuestion Papel prensa y sus derivados, dice muchas cosas que otros dijeron, vale la pena recordarlo.


(APe).- “Nos habíamos amado tanto” le ponía título a nuestro tiempo de juventud cuando desnudábamos nuestros cuerpos como “hazaña de los sentidos” y en nuestras almitas las caricias sin fondo se tuteaban en lo profundo.

El cine nos regalaba emociones con La Strada de Fellini, Los Compañeros de Monichelli o La Batalla de Argel de Pontecorvo. La literatura de Vallejo, de Rulfo, de Conti o de García Márquez le ponía palabras al idioma de todos, “al amor del que nos aguarda lastimado”. Que era posible otro destino: el diminuto carbón de la esperanza.

Eran los tiempos de Tosco, Walsh, Salamanca, del Negro o de Marito que le ponían nombre a la poesía siempre en clave de “venas abiertas” a lo largo de “una línea oceánica” de trazado purísimo. Habían escrito con sus vidas el advenimiento del socialismo -que latía como un corazón enamorado- apurando calles para encontrar el “paraíso que todo hombre merece al menos una vez en su vida”.

Según pasan los años nunca imaginé que la nueva utopía fuese el capitalismo. Explotadores y aventureros -de medio corazón- que eligen la muerte por simple fidelidad a un principio: que unos pocos hombres le hagan imposible la humanidad a otros.

Con los nombres de Scioli, de Moyano o Gioja devenidos en candidatos “revolucionarios del capitalismo en serio”, conocí el insomnio. Ese insomnio -escribe Fellini- del que se quejan los enfermos, los viejos y los olvidados. Horas maravillosas de la noche robadas al sueño, ese sepulturero aprovechador de claros de luna.

No me dejéis morir sin la esperanza de ser incomprendido, supo escribir Oscar Wilde.

Alberto Morlachetti


Los videos...



viernes, 20 de agosto de 2010

“Capaz el día de mañana me maten”


a veces esta todo dicho en pocas palabras*** me matan si soy honesto***me matan si trabajo***me matan sino trabajo*** me matan si robo***algo así dice una vieja e ilustre canción folclórica. picamiel

“Capaz el día de mañana me maten”

Nancy Miño desnudó la corrupción dentro del departamento de Trata de Personas de la Policía Federal el 11 de mayo pasado y el único resultado fue el hostigamiento y la persecución laboral. Comentó su situación actual en el programa “Cartoneando” (sábados de 11 a 12 en K24 AM 690).

La valiente policía dejó claros hace tres meses ante el juez federal Sergio Torres, con nombres y apellidos, los oscuros manejos en el departamento anti-trata de la fuerza policial. Pero sus convicciones solo le trajeron amenazas.
En relación al intento de corromperla Miño manifestó: “Cuando me quisieron convertir en delincuente recurrí, pensando que existirían superiores honestos, al comisario inspector (Omar) Cipolla y lo interiorice de mis denuncias. Lo único que hicieron fue tenerme de un lugar a otro, realizarme un hostigamiento y una persecución laboral”. Luego señaló un ejemplo de esto, “la policía federal tiene muchos destinos y, que casualidad, me mandaron a la división de bajos antecedentes, a la vuelta de la División de Trata que yo había denunciado, y mi comisario era, nada más y nada menos, que el esposo de mi jefa anterior, una subcomisaria de Trata de Personas”.
Nancy comentó también las vejaciones que sufrió, “yo soy personal administrativo y se violó la reglamentación de la policía federal porque se me encomendaban tareas de inteligencia donde lamentablemente tuve que oficiar de prostituta y no me podía negar a estos procedimientos”. También agregó que “en este caso el Jefe de Trata de Personas, Jorge Omar Fernández, y la línea de investigaciones federales, no le iban a pagar a nadie porque tenían a una auxiliar que no la iba a reclamar nadie, que les trabajaba gratis, y eso les trajo grandes dividendos”.
Se discute una nueva Ley de Trata pero en la audiencia pública hubo censura y no se escucharon las voces más importantes como la de Miño. “Me pareció una falta total de respeto, teniendo la posibilidad de exponer. Porque acá toda persona que piensa diferente parece que no puede emitir opinión. Hablaron todos muy bien de los artículos de la ley pero no se habló de la corrupción”.
En relación a la manifestación del último miércoles hacia la Policía Federal sentenció: “Capaz me puedan silenciar a mi, capaz que el día de mañana me maten a mi, pero gracias a dios yo creo que va a haber muchos policías que hablarán después de esto, siendo la primera vez que un integrante de la fuerza policial participa de una marcha”.
Finalmente esta mujer afirmó con entereza “Es un calvario pero yo lo voy a llevar con convicciones. A mi el jefe de policía no me va doblegar extorsionándome con que me va a reintegrar a la fuerza, porque me hizo sufrir mucho, lo que me hicieron a mi y a otros tantos policías federales la verdad que no tiene nombre”.

jueves, 19 de agosto de 2010

TATO IGLESIAS: Cambiar el mundo es la esperanza que enciende nuestras vidas y pasiones.

te pido que apagues ahora el sonido del blog, arriba para que puedas leer y escuchar con tranquilidad las palabras de Tato Iglesias.

por estos días desde Universidades de muchas provincias de la República Argentina, escuelas educativas, y poetas muy conocidos, han dado su apoyo al profesor Tato Iglesias, con respecto a su nombramiento en la Universidad de San Luis. Su tema pone sobre el tapete que clase de educacion queremos y nos sirve , que Pais queremos, entre tantas cosas que propone Tato Iglesias un histórico defensor de los DDHH. Esto sucede para la Universidad de San Luis, pero en realidad es un tema pendiente de todo nuestro pais.

Pongo a continuación los siguientes videos, que en realidad es el sonido de la voz de Tato en una entrevista explicando su posición respecto a esto mismo. ( Entrevista efectuada este sábado pasado en la Universidad De San Luis).

Luego de los videos te pongo una nota de agradecimiento de Tato a todos, y una entrevista vieja del año pasado.

Como podras palpitar a veces en la Argentina hay mieles

picamiel

PD: cualquier tema que no se escuche bien en los videos podes ir aqui para verlos en directo:
http://www.youtube.com/user/picamiel1#p/u













Queridas amigas y amigos:
Me parece importante y un deber de conciencia, informarles como van los trámites del tema de Profesor Consulto.
En primer lugar, debe ser tratado el expediente por el Consejo Directivo. Esto iba a ocurrir en el día de ayer, pero se suspendió la sesión por falta de quorum. No sé bien los motivos, pero justo el lunes fue feriado y no debe haber llegado la comunicación a tiempo y además hubo un paro docente que se decidió a última hora del martes.
No conozco la fecha próxima de reunión, pero los mantendré informados al respecto. Luego, con el dictamen que salga, pasa al Consejo Superior.
Es muy importante para mí agradecer, conmovido, las más de 140 adhesiones que han llegado al día de la fecha, proponiendo mi designación.
Las y los beso y abrazo:


Roberto Tato Iglesias


"Cambiar el mundo es la esperanza que enciende nuestras vidas y pasiones."

Roberto "Tato" Iglesias, sociólogo y fundador de la Universidad Trashumante en la Argentina, viajará a Cádiz, los días 8 y 9 de octubre próximo, para dinamizar un Taller Intermitente MIRADAS CIUDADANAS. Antes de su viaje, le hacemos algunas preguntas para conocerlo un poco mejor.

Tato, ¿se puede cambiar el mundo?

Desde nuestra perspectiva de Educadores Populares y Trashumantes, esta es una idea central en nuestras prácticas. Si no formulamos esta pregunta: entonces… ¿A favor y en contra de quien trabajamos? Cambiar el mundo es por un lado la esperanza que enciende nuestras vidas y pasiones. Y por el otro, es tener claro que el sistema capitalista lleva muchos años destruyendo a los humanos y al mundo todo. Y ya no creemos haya innovaciones posibles dentro del mismo sistema, pues su propuesta es intrínseca en relación a la generación de muchos pobres y pocos ricos. Esto no quiere decir que automáticamente estemos a favor de los diferentes desarrollos del socialismo. Pensamos que ambos sistemas, no han podido resolver al menos dos problemas centrales que alumbren un nuevo mundo: el de la Justicia, y el de organizaciones jerárquicas en el modo de organizar la sociedad. Por eso abogamos por la construcción de un nuevo paradigma.

¿Qué cambios fundamentales destacarías en la realidad de América Latina en este comienzo del siglo XXI? (solo algunos, los más significativos)

Uno, como Educador Popular que pretende ser, observa los cambios desde la ideología, política y metodologías que plantea este tipo de Educación. Entonces en general, lo que se observa es un retroceso formidable en la situación de las grandes mayorías. Mayor exclusión y pobreza, Sistemas públicos de Salud tercerizados y semidestruidos, Sistema educativo a la deriva, sin discusión estructural acerca del tipo de países y de ciudadanos que queremos.

Y además una Democracia que está dejando de ser tal. Políticos enriquecidos, gobiernos feudales, sin funcionamiento pleno de los tres poderes, la impunidad frente a este y otros delitos que también se convierte ya en un problema estructural, la falta de ética. En el anuncio a su vez, está el empecinamiento en resistir, en leer cotidianamente los nuevos escenarios que plantean los poderosos y en actualizar teorías y prácticas.

La ciudadanía, ¿está participando en los cambios sociales en Argentina y en América Latina en general?

Esta es una pregunta compleja y tal vez central en los desafíos teóricos que intentaremos dialogar con ustedes. Desde mi punto de vista, el ciudadano común, en relación a lo político y a los cambios sociales, ha sido reducido a un objeto, en general de consumo. No participa en Partidos Políticos, salvo que pueda acceder a un cargo y tampoco demasiado en organizaciones que tengan como fin la transformación. Sólo aparecen, en Argentina, en situaciones de extrema necesidad, como lo fue el cacerolazo en el 2001, pero sin ningún tipo de organicidad.

En Argentina y en América Latina ¿es un "buen momento" para la participación ciudadana y las organizaciones solidarias, para los movimientos sociales?

Pienso que no y es un tema que estamos empezando a estudiar con la mayor profundidad posible. La aparición de Gobiernos en apariencia progresistas, con discursos de Izquierda, sobre todo en temas como derechos humanos y problemáticas sociales, pero con practicas de derecha, ha fragmentado lo que se llama el campo popular, la desesperanza es progresiva, la falta de trabajo y de dinero desgasta a personas y organizaciones. Y los Planes sociales, a todas luces indignos, sólo actúan como “colchón” contra posibles explosiones sociales. Es muy difícil trabajar en organización popular en estas circunstancias. Convengamos en que es un tema a charlar largamente.

¿Qué experiencias, qué tendencias, qué formas de organización y participación de la ciudadanía te parecen significativas en la realidad Latinoamericana?

Se mantienen como parámetros los Movimientos Territoriales más reconocidos, como lo son, a manera de ejemplo, el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional y el Movimiento sin Tierra.

Me parece que en los últimos años han aparecido movimientos que se organizan fuertemente a partir de lo ecológico en relación a la contaminación, pero lo de fondo, es la quita o el robo de recursos naturales en relación a la minería, el petróleo, aguas y los recursos que los poderosos necesitan. Se mantienen las clásicas organizaciones Campesinas, Movimientos piqueteros, heroicos en su resistencia, aislados por los poderosos, con bastante fragmentación y pocos recursos, en muchos casos perseguidos y agredidos a límites peligrosos para sus vidas

Después hay múltiples y variadas formas de resistencia, pero por ahora a nivel micro: organizaciones de Educación Popular, de arte popular, culturales, sociales, etc.

¿Te atreves a hacer un diagnóstico, en pocas palabras, del estado de la Educación Popular en América Latina, y en Argentina en particular?

A mi me parece que por múltiples causas, la Educación Popular en cierta forma, también ha sufrido un retroceso en los últimos años. A nivel latinoamericano, la mayoría de las organizaciones se agrupan en la CEAAL (Consejo de Educadores de Adultos en América Latina) y en Argentina también existe esta organización y otra importante que se denomina Confluencia.

Tengo muchas amigas y amigos a quienes respeto enormemente que participan en estas organizaciones. La CEAAL desde que se fundó con Paulo Freire como presidente, fue sufriendo un proceso de adaptación a la globalización y una forma de afianzar la institucionalización que colaboraba mas con la quietud que con el movimiento. En los últimos años hay un fuerte intento de volver a las raíces con un grupo numeroso de educadores populares que vuelven a poner en el escenario aquellos conceptos fuertes de la Educación Popular. Hay otras organizaciones que, sin tener afiliación a ninguna institución, tratan de conseguir fondos para poder seguir trabajando y por fin otras organizaciones que también se plantean como redes, pero que ex profeso, prefieren mantener autonomía también, respecto a lo financiero.

¿Por qué vienes a Cádiz a participar en los Talleres Miradas Ciudadanas?

Primero por la generosa invitación que me hiciera el CRAC. En segundo lugar, me apasiona el poder dialogar con compañeras y compañeros que trabajan en la misma temática, a fin de poder aprender, acordar, confrontar, discutir, reflexionar finalmente en Colectivo, para poder actuar juntos. Y abrazarnos pues seguramente avanzaremos por la misma huella.

viernes, 13 de agosto de 2010

un nene, dos nenes, se balanceaban

“en todo sistema injusto, las únicas constantes de ajuste son el azar y el delito”
(aforismo implicado)Alfredo Grande

Un nene de 9 años encañonó a una empleada y robó $ 1.400. Usó la réplica de una pistola. "Esto es un juego, nada más. No me pueden llevar a la comisaría. Soy menor. Si no, se la van a ver con los de Derechos Humanos”, eso les dijo ayer un pibe de 9 años a los policías que lo atraparon cuando acababa de robar 1.400 pesos de un local de la galería San Martín, informaron fuentes policiales , tras encañonar a la empleada, identificada oficialmente como María Jimena Bruno, de 25 años. Sustrajo el dinero de la caja registradora y escapó corriendo. Llegaron varios policías y revisaron el centro comercial en busca del chico. En eso estaban cuando el precoz ladrón salió corriendo de “Regien” y se topó con los agentes. Al verse atrapado, el pibe arrojó el arma y se tiró al piso. Atrás apareció la víctima y dio detalles de lo que había ocurrido. Los efectivos requisaron al menor y encontraron una réplica de una pistola marca Bersa calibre 22 y la suma de dinero sustraída. “En el robo estaba muy lúcido, sabía bien qué estaba haciendo”.El hecho fue caratulado como tentativa de robo calificado e intervinieron el juzgado de Garantías del Joven, la UFI y la Defensoría del Joven en turno. Otro caso en calle 12. Ayer al mediodía, en el local “Muá” de 12 y 59, una chica que aparentaba tener 9 años aprovechó un descuido de los empleados y clientes, agarró un teléfono móvil marca Nextel que estaba arriba de un mostrador y escapó corriendo.
Diario Hoy 03-08-10

(APe).- La computadora Joshua está desplegando un programa de ataque que no puede ser detenido. Su inventor le pregunta si “es en serio o es un juego” La computadora le responde: “¿cual es la diferencia?”1. Para este “llanero solitario” de 9 años, con seguridad habrá diferencia. Sin embargo, para la cultura represora que lo construye como ladrón para luego destruirlo como detenido, la diferencia es demasiado sutil como para que valga la pena registrarla. No hará diferencia entre un nene que juega al ladrón, con un ladrón que en realidad es un nene que está jugando con su vida. En definitiva, la respuesta de nuestro llanero solitario es de una verdad irrefutable. “Esto es un juego”. Macabro, mortal, siniestro. Pero juego al fin, porque las variables son tantas que está mucho más cercano al azar que a la planificación. No podría tomarse en serio que a los 9 años nuestro llanero se encuentre cara a cara con la mentira desnuda de su necesidad insatisfecha. No es nada serio, y mucho menos un capitalismo serio, que el llanero, que con toda seguridad estará cada vez mas solitario, imagine un escenario para un realismo que nada tiene de mágico. “Atrás apareció la víctima”, dice la crónica de la tonalidad ocre. En realidad, la víctima estaba adelante, tirada en el suelo, clamando por “los derechos humanos”, los mismos derechos que de tenerlos y haberlos podido ejercer alguna maldita vez, no estaría a merced del aparato jurídico policial del Estado. Encontraron el arma que nunca encontraron en tantos otros casos de gatillo fácil. Que todavía están determinando en tantos otros casos de asesinatos jamás esclarecidos, incluso en las zonas liberadas para adentro de los countries y barrios cerrados. Encontraron la réplica. El juguete. Pero hay otra réplica que jamás encontrarán, quizá porque ya no exista. La del nene que jugaba a ser el llanero solitario, porque ahora tienen al llanerito cada vez mas solito que nunca mas podrá volver a ser nene. Será un niño replicante, alejado de todo aquello que lo habilita para el tránsito de eso que alguna vez se llamó la niñez privilegiada. La empleada, cebada en su desgracia, lamentando la pérdida transitoria de 1400 pesos, señala que nuestro llanero, (yo al menos ya lo considero mío)estaba lúcido y sabía bien lo que hacía. Es posible. Al menos, esa sería una diferencia con nuestros gobernantes, que en estado de confusión organizan una policía con delincuentes, mandan patoteros y matones a La Leonesa para no discutir el exterminio por glifosato, toleran y propician el desguace de los glaciares y el vaciamiento de minerales y agua potable. Aunque es posible que se trate de la siniestra lucidez de los ladrones y asesinos seriales, bien distinta a la lucidez (yo diría, inteligencia) de nuestro llanero. Por supuesto, para esos victimarios los 1400 pesos robados ni siquiera son una propina. Pero nadie llamará para que los atrapen, después de todo tienen demasiados palenques donde rascarse. En estos tiempos del capitalismo sin cólera, no hay espacio para los revólveres con cebita que poblaron mi niñez. En esos tiempos, el juego era juego y nadie dejaba de hacerse el muerto en medio de los tiroteos, porque todos sabíamos que seguíamos viviendo porque vivir era un juego. Eran los tiempos en los que había “un mundo de juguete” y que se cantaba la nostálgica canción “en un viejo hospital de los muñecos, llegó el pobre pinocho malherido, porque el cruel espantapájaros bandido, lo sorprendió dormido y lo atacó”. Cuantos espantadores profesionales habrán atacado a nuestro llanero. Y lamentablemente, sin la prebenda que un “hada protectora le ponga un corazón de fantasía”. Nuestro llanero ya se habrá enterado, mientras yo escribo y mientras vos leés, que la serena y esquiva brutalidad de nuestra república no admite que se juegue, a menos que sea en casinos, bingos, quinielas, lotería, maquinitas tragamonedas, etc. No son épocas para ningún llanero solitario, no son épocas para que en algún momento lleguen “los buenos”. Si los hay, están demasiado ocupados pensando en el 2011, en que espacios electivos pueden ocupar, sean frentes, contrafrentes, palier, balcón terraza, appart, laundry, etc. Por eso el juego seguirá siendo solitario para nuestro llanero. Y sin saberlo, todas las coronas que se lucen en las vacías cabezas de nuestras dirigencias, se llenarán de palabras tan vacías como las osamentas que ocupan. Politólogos, comunicadores, astrólogos, cientistas, periodistas, legisladores, funcionarios, empresarios, dirigentes, todos y todas dirán algo. No porque tengan algo para decir, sino mas simplemente para decir algo. Nuevos argumentos por la baja de la imputabilidad serán base para un proyecto de ley para bajarla a los 7 años que incluirá un monitoreo psicométrico de cómo fue el destete. El llanero debería estar tranquilo. Después de todo, y antes que nada, el Juzgado de Garantías del Joven, la UFI, y la Defensoría del Joven en Turno están atentos para cuidarlo. Estoy seguro que todos nos quedamos más tranquilos. En el solitario andar de nuestro llanero, quizá ignore que otras y otros, tan solitarios como él, sobreviven en las llanuras de la violencia familiar, el hambre, el abuso sexual, la trata, el secuestro, la mano de obra esclava. Nada de esto podrá ser considerado ni siquiera por los más entusiastas defensores de todos los modelos, simplemente como juegos. Nuestro llanero decidió cortarse solo. Con su inmenso corazón valiente, se animó a vaciar el corazón del sistema capitalista: desangró una caja registradora. Esa sangre derramada nunca será negociada por las guardias pretorianas de los gerenciadores de nuestra vida. Después de todo, el código penal, fuente de toda razón y justicia para la cultura represora, aplica más sanción para el robo de una vaca que para el secuestro y esclavitud sexual de una mujer. Nuestro llanero espera más severidad jurídica que la merecida por Aníbal Ibarra, que nunca fue enjuiciado por la masacre de Cromagnon. O por el legendario Jaime, al cual todavía no le pueden encontrar un yate, que descuento no es de juguete. O al Lord Mayor Mauricio Macri, líder de espionajes, derrumbes, inundaciones y vaciamientos de hospitales y centros culturales, con su particular forma de pensar como puede estar buena buenos aires. En una de las tantas paradojas de la cultura represora, las barbaridades de los adultos serán apenas consideradas juegos de niños. Por suerte para nuestro llanero, una nena también de 9 años, robó un Nextel y salió corriendo, quizá huyendo del robo calificado que algunos llaman aumento de tarifas. Quizá nuestro llanero reciba algún llamado desde ese Nextel, antes que su dueño mande cortar el servicio. Tal vez el llanero no siga estando tan solitario. Y ojala no siga jugando para tantas y tan miserables coronas, y alguna vez lo ayudemos a combatirlas.


1 Juegos de Guerra. Película estadounidense del género thriller. Dirigida por John Badham. (1983)


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